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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Tres velitas que alumbraron el corazón

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Si la bruma trajo la oscuridad en el corazón ¿Qué buscar? ¿Con que o como poder alumbrar el sendero adecuado por donde uno se debe encaminar?
Metercol es un fraile, su traje es de color púrpura y camina entre los oscuros túneles de una antigua montaña que por fuera fue construida como un imponente castillo con una torre dorada en su cima, reflejan los rayos del sol hasta el más recóndito lugar.
Sus oscuros túneles son como laberintos escuchándose en todo momento gotas de agua caer en pequeños charcos estancados, el silbido del viento parece asechar asustando a metercol, intentando encontrar la salida de aquel espeluznante lugar, en varios pasajes se tiene que guiar con sus dedos palpando la pared para de pronto no ir a tropezar, el fraile por poco cae cuando descubrió unas escaleras que van hacia abajo, este lento y escalón por escalón bajo, no supo cuanto tardo, el tiempo no le regalaba su noción, de pronto metercol comenzó a ver un poco de luz, sin estar muy seguro de ir allí se decidió, un poco enceguecido de ver cada vez más la luz.
El fraile parpadeo mientras su cara descubrió. Son tres ve litas que no consumen su cera y en un candelabro forjado con roca que se derritió que el centro de la tierra obsequio, en forma de corazón quedo, por alguien desconocido fue tallado con los números siete, uno y nueve rodeado de diecinueve estrellitas.
Metercol sintió su alma enaltecer, su corazón brillo y con su latir se distinguió, orgulloso de ver alumbrar su corazón por los túneles volvió y se encamino, su corazón todo se lo dejo ver, así por fin pudo descubrir la escondida salida, todo estaba cubierto por matas que todo lo atrapaban.
Las murallas del imponente castillo llevan a unas escaleras en espiral que terminan en la torre, allí su pecho descubrió, las tres velitas que alumbran en su corazón fluyeron en los infinitos cielos, la luna y el sol que su esplendor regalaron, las diecinueve estrellitas se fusionaron, a la velocidad de la luz viajaron y en el pecho de metercol pararon; sintió como un corrientoso de energía que todos sus bellos erizo, la capucha que oculta su rostro se desprendió en llamas, encenizas el viento lejos lo boto.
Un ojo de metercol es amarillo y el izquierdo es blanco con una franja azul, en la mejilla derecha tiene una cicatriz en forma de estrella, este volvió donde las tres ve litas iluminaron su corazón, allí oro y sus recuerdos profusos y sentidos evocó.
El castillo está cubierto de maleza que cada vez más reverdece luciente, desde el universo se pudo ver.
El fraile en las noches le gusta estar en la torre mayor y observar la eterna noche que nunca lo olvido y siempre señales mágicas le envió a su humilde y solitario corazón.

j.c.n-20-julio-2012

Texto agregado el 14-04-2013, y leído por 105 visitantes. (0 votos)


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