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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / Un holgazán elegante y perezoso

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Este es un texto antiguo, como algunos otros que he repuesto con anterioridad. Ojalá y conserve algo de la fascinación con la que fue creado:

Sé que soy perezoso, que más que pensar me gusta juguetear. En la pereza me fortalezco, porque guardo mi energía para cuando es necesario demostrarla. Nadie comprende esto cuando me dicen que me estoy poniendo gordo y fofo; pero eso es sólo cuestión de la edad, hay que pagar algún tributo por adquirir cierta madurez. Aún así, me siguen gustando las hembras jóvenes; bueno, no tan jóvenes, porque todas ellas son muy monas, muy bonitas, pero no saben nada de nada de complacer a un macho como yo. No crean que soy un bobalicón, a ratos me enojo y pierdo la paciencia y en esos lapsos de ira o cuando me embriaga la felicidad, todavía soy capaz de manifestar con plenitud mi energía; más de una hembra ha podido gozar de todo ese vigor que conservo en mi interior.
Peso 140 kg, pero ello no me impide ser ágil y desplazarme como una grácil mariposa por todos lados. No como carne. Así que mi dieta citadina es bastante sana. Soy peludo y me apena mucho tener tanto pelo en el pecho, pero supongo que es natural que así sea. En los momentos depresivos, el ánimo se me baja y puedo permanecer horas y horas, sentado en un solo lugar, contemplando con suma atención todo lo que sucede a mi alrededor. Así, conocí ayer a la hembra perfecta para mí, se llama Olivia y es una mujer madura y bellísima; cuando se detuvo casi frente a mí, a sólo unos pasos, pude contemplar su radiante belleza y mirarme en el interior de sus ojos infinitos color de cielo. Quedé completamente atontado, con la profundidad de aquella mirada. Estaba yo en uno de esos momentos de contemplación en el que hasta el menor movimiento me pesaba, pero no podía dejarla ir nada más así, sin hacer nada, sin intentar nada. Me moví hacia ella; el hombre que estaba a su lado y que la abrazaba suavemente por la cintura, le dijo:
- Mira Olivia, le gustas.
Ella sonrió ampliamente y sus dientes perfectos iluminaron el mundo, mi mundo. Quise acercarme más; sin embargo los barrotes de la enorme reja que nos separaba me lo impidieron. Un par de minutos tuve el universo y la felicidad frente a mí, pero los deje ir, a pesar de sentir que empezaba a enfurecerme, cuando después de ese tiempo, Olivia y el hombre siguieron su camino, dejando atrás la enorme jaula del zoológico donde un letrero engañoso y estúpido, dice que soy un orangután.

Texto agregado el 29-10-2012, y leído por 196 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2012-11-08 22:10:38 Genial tu cuento, que gusto volver a leerte.Un saludo fraterno. shosha
2012-10-29 19:58:48 Una sincera felicitación Sr. Padilla. Su estilo me lleva de letra en letra, de frase en frase con fluida y agradable suavidad, hasta ese desenlace que frena y retuerce mi mente y cultiva una sonrisa en mi yerma soledad. ZEPOL
2012-10-29 17:07:51 Mario querido, me gustó tu relato. No me sorprendió el final por las descripciones que fuiste tejiendo en toda la trama, las cuales te dejan pistas para saber de qué se trataba. Sin embargo, tu prosa diáfana y ligera es cautivante. Manejas un vocabulario exquisito, sin embargo, no es ni rebuscado ni almidonado. Me fascina como escribes, y te quiero mucho. Un abrazo, mi amigo lindo. SOFIAMA
2012-10-29 16:36:30 Sorpresivo, me gustó glori
2012-10-29 16:17:49 ¡Buenísimo!!! Un final sorprendente.***** MARIAELENA
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