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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / El festín

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“Nadie sabe, nadie supo, la terrible y triste historia de Juan, el lavador de tanques…
Cuando gruñeron por enésima vez sus tripas, Juan comprendió que se moría de hambre. Durante horas interminables había estado lavando el interior de aquellos inmensos tanques metálicos que contenían sosa, que al golpe del cepillo sobre sus paredes, resonaban como campanas fúnebres presagiando lo peor, a lo mejor una tragedia. No le gustaba abismarse en pensamientos negativos, así que mientras trabajaba, entonaba canciones por lo bajito dándose ánimos. Cansado, fastidiado del trajín del día, cuando terminó la jornada de trabajo, se dirigió sin más a su casa. Comer y dormir algunas horas, representaban una necesidad primordial.
La casa estaba a oscuras. Con mano insegura buscó sus llaves y entró. Encendió el interruptor de la luz y a la primera mirada descubrió el féretro con todo y su muerto. Se quedó sorprendido y estático, porque el ataúd estaba sobre el mármol rosado de la barra de la cocina. Sólo, a oscuras, como si no importara su permanencia en tal lugar. Caminó algunos pasos hacia la caja del muerto y se le quedó mirando. De inmediato se acordó del cuento de Pushkin, “ El fabricante de ataúdes”; esto se le asemejaba un poco. Se detuvo a pocos centímetros del difunto, que no era, sino un esqueleto mondo y lirondo de huesos amarillentos.
Las tripas le gruñeron nuevamente demandando alimento; no había tiempo que perder. Fue entonces cuando se le ocurrió la descabellada idea: los caníbales comían carne humana, ¿y huesos?...podía darle rienda suelta a sus instintos, total, no le costaría demasiado esfuerzo, darle una buena repasada a aquellos huesitos tan tentadores.
Todos dormían. No se cuestionó en ningún momento, el por qué aquel difunto se encontraba en su casa. Tampoco era momento para las dudas. Con mano ávida, temblorosa, la extendió hasta tocar los huesos de la pierna, ¿Sería un sacrilegio, comérselos?...Lentamente los llevó a la boca y masticó. El sabor era el esperado: ligeramente terroso, pero dulce, muy dulce. Se remontó a su niñez, allá en el pueblo perdido donde había nacido, donde todo era más fácil y él, aún no perdía la inocencia.
Masticó con lentitud, saboreando el bocado; luego, se dedicó con fruición, con glotonería creciente a seguir arrancando partes del esqueleto y el ataúd mismo, para comerlos.
Fue un festín oscuro y asquerosamente insólito, porque acabó tragándose por completo, además del esqueleto, el ataúd con todo y tapa, que también era enteramente de chocolate…
Ja, ja, ja, ja, ja…ja, ja, ja, ja…”

Texto agregado el 20-10-2012, y leído por 203 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2016-09-04 04:46:47 Un trabajo necrofilicamente oscuro y si se me permite la expresión, culinariamente pétreo. Un excelente trabajo que hace que el lector sea participe de este inesperado texto. Me encantó. Saludos desde Iquique Chile. vejete_rockero-48
2012-11-16 14:51:42 El txto engancha al lector desde las primeras líneas, al final uno tiene la seguridad que no fue inútil leerte, excelente tu texto, abrazos y estrellas. NELSONMORE
2012-10-23 13:20:07 muy bueno***** lagunita
2012-10-20 16:29:44 Buena idea para vender chocolates en las funerarias... Imagino que el producto debería estar relleno con algo viscoso y negro. umm! ANTEELTECLADO
2012-10-20 15:05:57 Eres de terror, narrando, pero un genio, escribiendo. Felicitaciones!!! azucenami
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