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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / El cuentero de la calle

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En las puertas de la calle se ven mil cosas que van a desaparecer, aun así los días trascurren sin porvenir.
El cuentero de la calle no tiene nombre ni edad, es un mendigo que no tiene donde arribar, su cabello abultado parece una enredadera de paja, es barbado, usa pantalones que llegan hasta sus rodillas y los cuales están rotos en la cadera de la parte derecha, sus pies descalzos se ven mugrosos al igual que las uñas de sus manos, este lleva un costal acuestas y encaminado hacia la locura sabe que es el amor que se puede expresar en el corazón.
Deambulando entre las calles el cuentero casi siempre se ve serio, nadie sabe que lleva dentro de su sucio costal que nunca suelta de sus manos.
Tardes abrigadas por la lluvia le envuelven en tristeza pero siempre se mantiene a flote, en ocasiones al hundirse y casi para ahogarse de su costal saca un poco de amor para volver a sentir una sonrisa. El cuentero de la calle después de sufrir y llorar entre basureros dispersos y que no desean dejar caminar en la esquina a mano derecha voltea.
El mendigo con sed y hambriento por fin pudo descansar cuando las gotas de agua lluvia le bañaron, pudo continuar por una calle infernal que sus llamas extintas no pudieron fulgurar su poder intensivo ya que las llamas fueron apagas por las lágrimas de su tristeza.
Entre la basura el mendigo busco y encontró hasta que un vidrio lo cortó, su herida no sangro, esta en un instante sano. Las gentes pasan a su alrededor mirándolo por encima de su hombro, el mendigo como si nada se encamina entre ellos.
Después de varios días constantes de lluvia el cuentero de la calle empapado y titilando de frio busco resguardarse y se sentó en las sillas de una cafetería, de inmediato fue desterrado de allí, miro fijamente y después de su mirada amenazante que manifestó sin decir nada su espalda dio y se marcho.
El trabajador de aquella cafetería después de aferrarse a sus pantalones con sus dos manos y subírselos para acomodárselos, insolente tomo el costal que el mendigo dejo y lo arrojo al lado de un poste de energía; Todo el mundo pasa por allí, lo pisaban y hasta patadas le daban, nadie se percataba de lo que dentro del costal se hallaba hasta que otro mendigo que yacía sentado en la cera del frente pidiendo dinero desconcertado el costal miraba, se dio cuenta que es el mismo con que el cuentero de la calle solía pasearse entre las arruinadas calles.
El mendigo con mucha curiosidad paso la calle sorteando los autos que rápido pasaban por que la luz verde se los permitía, este desamarro un nudo de alambre con el que tenia asegurado el costal, es de cobre que al soltarlo se vuelve viento.
El mendigo abrió el costal y miles de letras de hierro allí habían, ninguna de las letras estaba oxidada, se ven como nuevas por que los tímidos rayos del sol entre las opacas nubes su camino se abrió y hasta las traspaso, en las letras de hierro destello y los cielos despejo. El mendigo miro hacia todos los lados y a nadie le importo, ni vieron lo que el mendigo con sus desgastados ojos vio y que entre sus manos empuño.
Entre el laberinto de calles el mendigo riendo como un loco se adentro y todas las letras del mugroso costal saco. El tesoro que encontró, con su vos lo manifestó a los cuatro vientos, consigo se llevo el costal; continua explorando y su cerebro continua despertando, ahora el mendigo con el costal acuestas todos los días se ve la basura hurgando.
Del cuentero de la calle se dice que fue ultimado a tiros en una esquina de la calle vacía.

j.c.n-2-03-2012

Texto agregado el 18-06-2012, y leído por 170 visitantes. (0 votos)


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