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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / Los pecados del sábado

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Cuando el vicio nos corroe irremediablemente, es muy difícil sustraerse a su influjo; por lo tanto recaer en el pecado, puede ser una actividad cotidiana e insustituible, como el comer. Me escucho muy rimbombante, lo sé; quizás pretendo en forma consciente parecerlo, para ocultar un tanto mi falta de voluntad en resistirme a las tentaciones. Porque hoy me ha tentado el diablo (¡pobre diablo!, ¿él que culpa tiene de mis vicios, de mis debilidades?), aunque parezca que el único responsable de haber asistido a la Filij de este año en la Ciudad de México, sea yo.
El Centro Nacional de las Artes, ha sido la sede y el espacio elegido para presentar este año la Feria. Instaladas todas las editoriales en los jardines y paseos del Centro, ha permitido una afluencia (sobre todo de padres con sus hijos), de enormes proporciones. La Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de esta monstruosa ciudad ( hoy sábado, estaba abarrotada sobre todo de niños y adolescentes) parecía la prueba irrefutable de que la niñez y juventud mexicanas, leen cada vez más; pero es bien sabido que una golondrina no hace verano y el estigma que pesa sobre nosotros de leer menos de un libro por año, será muy difícil de quitárnoslo de encima.
Desde la salida del metro General Anaya, la romería de llegada y regreso de la Feria, era interminable; aunque ansioso por llegar, la caminata resultó lenta y placentera, tanto el trecho recorrido sobre Calzada de Tlalpan, como el de Río Churubusco, necesario para acceder al recinto.
Cada puesto se miraba atestado, parecíamos abejitas pegadas a la miel, trabajando laboriosamente. En la gente se observaba un afán arrebatado por empaparse de letras, quizás los niños eran los que más aportaban esa fuerza un tanto irracional y ciega de tocar, hojear, adquirir libros. En cuanto a ellos, los había de todo tipo, muchos, en ediciones de pasta dura, bellas ilustraciones y ediciones bien cuidadas. Alfaguara, Océano, Norma, Fondo de Cultura Económica, apenas podía darse un paso dentro de sus espacios. En diferentes foros, escritores e ilustradores, hacían las presentaciones de sus libros y firmaban autógrafos.
Finalmente fui cayendo en el pecado de la gula. En Alianza Editorial el libro Música, de Yukio Mishima y un libro de relatos de terror, atraparon mi atención y no dudé en adquirirlos (aunque luego me remordiera la conciencia, que era lo de menos). NP, de la Yoshimoto, también danzó lúdicamente ante mis ojos hasta que logró seducirme. Por último, la Matilda de Roal Dahl, me coqueteó tan descaradamente que comprendí de inmediato que sus sorprendentes poderes me habían hechizado.
Los pecados cometidos, guardados celosamente en una bolsa de plástico, semi ocultos, me apresuran, me atormentan, me hacen decidir a terminar el paseo. Y así lo hago.
Esta “horripilante” gula de libros ya me dura.
Bueno y si es así, ¿qué?...

Texto agregado el 21-11-2011, y leído por 234 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2011-11-22 19:43:47 Coño, si esto es un vicio pues entonces menudo vicio, eh?? marxtuein
2011-11-21 14:16:15 La gula de la que hablas termina colmando mis estantes en la casa de un modo tal que los espacios resultan siempre escasos. Hasta que me decido a regalar lotes de libros (amados, protegidos, acariciados) con la mirada en otro lado. Es la consecuencia que sufrimos los bibliófilos, que yo bauticé "Mal de Gutenberg". Sigo abajo; han impuesto un coto mutilador a los comentarios. leobrizuela
2011-11-21 14:13:18 Respecto al promedio de lectura individual de la población, se toma un número en relación a las ventas producidas. Esto resulta falso; hoy se lee mucho sin comprar, pues Internet permite bajar textos para guardar en un e-book sin costos. Interesantes tus reflexiones. Salú. leobrizuela
2011-11-21 13:30:54 Esta “horripilante” gula de libros ya me dura Muy bien graficado. filiberto
2011-11-21 05:05:22 Es ese amor irrefrenable ante el olor sugerente, ése meter los dedos a hurtadillas para acabar, de manera atropellada, y, abrirlo nada más cerrar la puerta...El placer de un libro nuevo! Sé de que hablas. granada
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