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Inicio / Cuenteros Locales / jcn / Un abrazo del oso y un beso monstruoso

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En una mañana cálida con el caminar constante en una larga avenida llamada las vegas. Un hombre enfoca su rostro hacia el cielo lleno de nubarrones, forman el rostro de una hermosa princesita, su hija.
Las hojas secas que caen en el momento levitan siguiendo al hombre, al pasar por un potrero un caballo lo mira fijamente, este relincha da dos vueltas y trota al lado del hombre hasta donde termina el potrero. El caballo es de color café y en él se refleja una luz luciente, despliega sus alas y vuela al otro lado de el alambre de púas oxidado, se detiene al lado del hombre que sin pensarlo dos veces le acaricia su cabeza, el caballo mueve las orejas y el hombre lo monta, con fuerza se aferra a su larga melena negra, vuela rumbo donde su princesita.
La niña con sus crespos y rostro pulido manifiesta nerviosismo al ver a su padre, de repente un abrazo del oso entrénese su endeble y pequeño cuerpo pero infinito ser con una gran diversidad de cielos colmados de estrellas que rondan entre las prominentes montañas, para que el beso monstruoso sea cosquilloso y mil risas se desfoguen entre la lluvia que atrae un sonido estruendoso, y que fue muy luminoso.
La princesita quiere jugar entre las nubes lucientes, allí germinan orquídeas con sabor a fresa y mandarina que después de probar algunas se forma un bosque de nubes para que el hombre la corretee. Ella desfogada en risa corre del beso monstruoso porque las cosquillas infinitas vienen acompañados de risas desesperadas para huir de las despiadadas garras.
Ya suspirando la princesita el caballo se convierte en un corcel para llevarla al castillo de los juguetes. Después de pintar con temperas todas las paredes de ese reino fue envuelto en un arcoíris mientras el hombre observa cómo el sol de plastilina se convierte en media luna risueña que intenta escapar de la noche lluviosa con dirección hacia el universo; escribió allí la princesita entrelazando las estrellas y uniéndolos con planetas.
La tempera de color blanco que estaba en su bolsillo se cae y un hoyo blanco aparece, la princesita se desliza por allí al cuarto de las muñecas que pacientes esperaban su turno para bailar entre jardines de brazo del oso y el beso monstruoso, llevando al sentimiento más profundo y viajar entre sueños constantes para que el suspirar sea un premio departe de un maravilloso ser.

j-c-n-marzo-9-2011

Texto agregado el 20-04-2011, y leído por 220 visitantes. (0 votos)


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