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Inicio / Cuenteros Locales / CalideJacobacci / El transportador II

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Una escalera al cielo
(El transportador II)



Yo en realidad no se por que cuento estas historias, podría decir que no tenía un mango para ponerle nafta al coche y que me quedé en casa mirando tele, un partido del Nacional B que terminó cero a cero o alguna otra boludez. Pero no, le meto maquina y avanzo, y les narro para que vean que mi vida no es tan gris, ni tan plana. A mi también me pasan cosas.

-¿No le das un beso a la abu? Le digo, mirá que nos vamos. Volvemos a casa.

-No, le di dos de más, cuando me los pague le voy a dar otros.

-Tá, vos manejate como quieras.

Apenas salí afuera el solcito de la tarde me empezó a pegar en la frente y los ravioles se pusieron a girar rabiosos dentro del vino que tengo en la panza. Que manera de morfar.

-¡Subí al coche que ya arrancamos!

Quiero llegar para dormir la siesta como Dios manda, así de repente me había comenzado un pequeño dolor de cabeza que se iba agrandando arriba de los ojos y se prolongaba poco a poco entre el pelo. Juro que no chupo hasta la cena, pensé.
Apenas me apoyé el plástico de la butaca me incineró la espalda, putié a los árboles de mierda que no dan ni sombra y al sol hijo de puta que se la agarró con el auto, no dejé a nadie sin putear, después mojé un repasador en el sapito que regaba el césped, y con el trapo bien empapado cubrí el respaldo que estaba casi al rojo.

-Esto es otra cosa, dije, así da gusto viajar. El pibe se había parado sobre el asiento de atrás y con las manitos me rodeaba el cuello.

-Está caliente Tío, si me siento me quemo.

El bicho encendió de una, sentí un poco de olor a nafta -por el calor o medio ahogado- me dije y salí, en el primer pozo que me tragué se abrió la guantera y escupió al piso del acompañante todo lo que tenía adentro.

-¡Me cago!

Aproveche para frenar y mirar las cubiertas que las tengo bastante bajas, de paso junté una manguera que me miraba arrolladita desde una vereda solitaria y la metí en el baúl, para cerrarlo me le senté arriba. Como hago siempre.

-¿Por qué te guardaste esa manguera? Me largó el pasajero.

-Es de un amigo, me la presta…


Los solazos de enero en esta la ruta te obligan a bajar todos los vidrios, menos el de atrás del conductor que ya sabemos está reduro y baja cinco centímetros, pero igual corre el vientito y eso alivia.

-¿Qué es eso? Alucinó el pendex.

A mi me fermentaba el tinto en la buzarda y el camino era una larga escalera al cielo diría Robert Plant.

And as we wind on down the road,
our shadows taller than our souls.


Me acordaba de otras épocas, and she’s buying a stairway to heaven.

De la guantera cayó el fierro y una petaca vacía dentro de un quilombo de cables mezclados con una estopa sin usar.

-¿Que qué? Dije, y no sacaba los ojos de la ruta por que venia un camión de frente.

-¿Eso es un revolver de coboys Tío?

-No eso es un fierro de verdad, y ahí vi la lata de cerveza enredada entre los cables. Que bueno es guardar cosas y después olvidarse, me dije. Que sensación agradable es reencontrarlas.
No veía un solo matungo para distraerlo y el loquito venía empecinado en taparme los ojos, parado atrás mío. Nos vamos a hacer mierda le decía.
La dirección del cachirulo me tiraba para la banquina, eso me pasa por no inflar las gomas.

-¿Me prestás el revolver un ratito?

-Vos me querés volver loco, los chicos no juegan con fierros de verdad.

-¡Si no me lo prestás no te dejo ver! y me ponía las dos manitos sobre los ojos hasta que yo me salía del asfalto y el bicho corcobeaba.

-¿Qué te pasa? Querés que nos matemos…, y el gurí se cagaba de risa.

Al ratito no me tapó más los ojos, el asiento seguro se fue enfriando, así que se sentó cuando le di el arma y en la carita le apareció una sonrisa de oreja a oreja.
Tenía miedo de dormirme, por eso que de vez en cuando me pegaba solo un sopapo a mano abierta en la frente para despertarme, el pibe atrás seguía con la joda y me apuntaba a la cabeza con el chumbo.

-¿Por qué no tira tiros Tío?

-¿No viste caballos hoy?

-No, están todos durmiendo la siesta.

-¡Quiero tirar un tiro como los coboys!

Que hijo de puta pensaba yo, no inventa nada bueno.

-¡Y el gatillo está reduro! Decía contrariado, mientras acercaba el caño y lo apoyaba contra mi nuca.

-¿Sos loco pendejo? Y le sacudía un castañazo para atrás que solo le pegaba al aire.

-¿No tenés balas Tío?

El calor me iba asentando el pedo y soñaba cada vez más con una siesta prolongada y fresca desparramado en mi cama. Ahí fue cuando le pasé la caja de balas.

-Dame que te enseño, tenés que ponerlas ahí adentro de los agujeritos, al 22 de cinco tiros se le exponía el tambor con solo apretar una trabita.

-La parte negrita va para adentro, como un supositorio en el culito le dije, y me dejó tranquilo por un rato.

Al pasar el “Ya verán” prendí un faso, ni un porro me quedó pensé. Que lagarto.

Ahí sentí el estampido, el pendejo había tirado el bufo al piso del auto con el susto y el techo tenía un agujerito por donde entraba un rayo de sol que me marcaba el balero como una mira laser.

(2010)

Texto agregado el 25-08-2010, y leído por 448 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
2011-08-15 01:19:07 Buena tensión hasta el final carelo
2011-02-25 19:25:25 Muy bueno cali, pero corregile donde dice "puntié", es obvio que quisiste decir "putié". Viste que una palabra mal escrita te desconcentra un poco. Un abrazo. gringopresa
2010-10-05 04:24:16 Qué viajecito Cali... ! Menos mal que por ese tiempo yo andaba por el Norte!!! :))) nanchogalarreta
2010-09-05 23:41:08 Originalísimo. Con un final que le da vuelta al lector como si fuera un guante. Todo un cuento de la ruta ¿Cómo se dirá en inglés, tale-road, acaso? La verdad que no lo sé, pero el tuyo es un hallazgo. Excelente, Carlos. 5* nesravazza
2010-09-05 14:42:16 Estupendamente escrito, como el anterior. Se percibe claramente la tensión y hay un punto a partir del cual hay que leerlo conteniendo la respiración. Y queda la sensación de que lo que pasó esa tarde va a pasar tarde o temprano. Un abrazo. Jorge. volpi
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