La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / NELSONMORE / MUERTE DE UN ICONOCLASTA (CUENTO)

 Imprimir  Recomendar
  [C:452449]

A tres casas de donde vivo he visto un viejo sentado en una silla de ruedas. Hace tres años que vivo en la Avenida Sexta y sólo he llegado a cambiar una que otra palabra con el viejo, es más, ignoro hasta su nombre pero a fuerza de saludarnos todos los días hemos dejado de sentirnos extraños. Cada que llego de la universidad el viejo me tira un "buenas tardes" desde el balcón donde casi siempre permanece; yo también desde la calle le tiro un "hola" como recompensa a esa formalidad.
Según dicen, el viejo posee una fortuna cuantiosa, pues heredó un gran capital el día que murieron sus padres, desde ese momento su existencia se hizo más llevadera porque esa fortuna le permitió pagar un empleado. También he oído que cuando el viejo era jóven fué un iconoclasta de grandes ejecutorias, todo esto lo sé porque es de lo único que se habla en el restaurante de la esquina. Hace ocho días, por ejemplo, escuché que el viejo tiene grandes travesuras en su hoja de vida, su curriculum vitae lo acredita como el iconoclasta de más nombradía en el universo, pues era tanto el desprecio que el viejo tenía a la imágenes que cuando era chico no soportaba la presencia de sus padres, a quienes constantemente golpeaba con sus diminutas pero crueles manos. También he escuchado que una vez el papá le regaló el gato Beppo y el Ratón Mickey, pero fué tanta la ira que lo invadió que terminó despedazándolos. Cuando el viejo fué jóven lo mandaron al colegio pero allí no soportó la presencia de la maestra, tanto llegó a despreciarla que la sometió a diabólicas maquinaciones, para que de una vez lo dejara en paz le cortó la mitad de la cabellera con unas tijeras de podar el césped, ante tal circunstancia lo expulsaron inmediatamente del colegio, pero como era un escuelero irresponsable se sintió el ser más feliz del universo.
Cuando realizaba una travesura, más investido de poderes se sentía. Llegó a tanto su arrojo que luego que lo echaron del colegio se fué de gira por el mundo, con facilidad pasó de Colombia a México, de México pasó a Texas, luego pasó al Canadá, del Canadá viajó a Madrid. En Madrid permaneció durante un largo tiempo pues ya había urdido un siniestro plan, porque estaba seguro que con aquel golpe su nombre se haría universal, pues aquella hazaña recorrería el mundo entero en las agencias internacionales de noticias, ademàs estaba seguro que todos los periódicos iban a dedicar un espacio a esa primicia.
Durante ocho días planeó el golpe que iba a dar, pero como se irritaba con facilidad decidió no cavilar tanto el plan porque la indecisión ya lo estaba haciendo flaquear. Y como detestaba los remordimientos de conciencia el plan no se podía aplazar. Antes que terminara echándose definitivamente atrás, fijo la hora de la acción y la forma como la iba a realizar, pero como faltaban tres horas para que el momento llegara, tomó un descuidado volúmen del Quijote pues siempre creyó que la lectura es el mejor medio para no desesperarse, además siempre detesto la lectura lineal, por eso abrió al azar el pesado libro. Y vaya, qué coincidencia, abrió el libro donde Don Quijote pelea con los molinos de viento. Tanto se concentró en la fantástica lectura que cuando miró en qué punto del tiempo estaban las horas no creyó que el tiempo hubiera transcurrido tan veloz. Luego de pasada la sorpresa llegó a la conclusión que la lectura es el rejuvenecimiento de ese tiempo disecado en los libros, tanto le impactó la lectura que hasta caballero andante se llegó a sentir.
Como sólo disponía del tiempo necesario para llegar al lugar donde iba a ejecutar el operativo, salió con gran premura, pues tuvo miedo de llegar tarde. Para poder cumplir la maniobra a plenitud un maletín repleto de herramientas terció de su hombro izquierdo, mientras llegaba al sitio señalado siguió reflexionando sobre la lectura que había hecho hacía unas horas. Siempre fué un hombre raro pues siempre le gustó pensar en voz alta: Aclaró que la literatura es una extensión de la imaginación y que Don Quijote no es más que un idealista y soñador. Parodiando a Don Quijote hasta de buena gana habría llevado un ayudante, pero en ese momento nada podía permitirse porque el objetivo ya estaba a la vista: Una gigantesca estatua de Don Quijote y Sancho había sido elegida como la víctima de aquella ocasión. Sin pérdida de tiempo el iconoclasta llegó donde los personajes literarios y como si fuera un riguroso crítico de arte los contempló durante un tiempo. Luego decidió subirse al caballo de Don Quijote pero para subirse tuvo que intentarlo varias veces porque con el escaso impulso que tomaba no se habría subido ni a la mula de Sancho, de no haber sido por la ayuda que le prestó un espontáneo caminante que pasó por el lugar, jamás habría logrado su propósito.
Cuando por fin logró sentarse detrás de Don Quijote, el animal sintió el exceso de carga porque con Don Quijote nunca se esforzaba. Rápidamente el iconoclasta sacó del maletín un hacha de acero y la levantó más allá de su cabeza, mientras con su mano izquierda intentaba alisar la arrugada nuca de la víctima, pero cuando iba a descargar el mortal hachazo se arrepintió, pues decapitar a ese escuálido no le pareció ninguna hazaña. Inmediatamente pasó del caballo de Don Quijote a la mula de Sancho y sin ninguna contemplación decapitó a ese regordete que siempre defendía la razón. Luego de ejecutada la misión se alejó como quien ha liberado a la humanidad de una muerte irreversible, rápidamente se alejó pero lo hizo con altivez y soberbia pues a juzgar por sus acciones siempre se pareció a Don Quijote, la única diferencia es que este era un quijote alienado.
Como no quería ser descubierto después de aquella hazaña tomó un avión que volaba hacia Bogotá, mientras en Madrid los españoles pedían castigo para aquel enemigo de las petrificadas glorias de la patria. Pero los españoles hicieron mal en quejarse porque a su venerado Quijote nadie le arrancó ni un cabello siquiera.
A los dos días de estar en Bogotá, decidió que la próxima víctima sería la estatua de Bolívar. Al comienzo tuvo la intención de dinamitarla pero finalmente sólo le corto la espada. Si Bolívar fué capaz de matar por la libertad, él estaba dispuesto a castigar a todo el que la impidiera. Y como quería dejar una buena performance entre sus compatriotas, con diez estatuas semidestruídas alertó a las autoridades sobre su capacidad para hacer la guerra.
Rápidamente la Sociedad Protectora de Estatuas empezó a luchar conjuntamente con las autoridades para dar caza a aquel insensato que era capaz de dar muerte hasta a su propia imágen. Pero como no estaba dispuesto a ser apresado en aquel operativo, se fué hacia Nueva York pero desafortunadamente en el país de los rascacielos el último sabotaje realizó. Aprovechando las últimas horas de la noche se subió a la Estatua de la Libertad y le corto la cabeza. La verdad es que esa estatua nunca le gustó, jamás le pudo gustar porque estaba seguro que era una imágen ciega, pues en ninguna parte la miró. Con lo que no contaba el destructor de monumentos fué con su día de mala suerte porque la estatua de La Libertad se desplomó sobre sus piernas dejándolo inválido para siempre. Nada pudieron hacer los médicos neoyorquinos para que volviera a caminar, aunque otros dicen que por pura negligencia lo dejaron convertido en monumento de la rebeldía.
Luego de algunos meses las autoridades nortemericanas lo mandaron en un avión fletado hacia Colombia. Tanta fué la mala suerte que lo acompañó desde ese instante que todos sus amigos lo abandonaron, ante tal circunstancia inmediatamente contrató un empleado para que lo llevara a los juzgados donde tuvo que realizar infinidad de diligencias, también el empleado tenía que ayudarlo a acostarse y a levantarse. Pero dicen que el empleado ya se ha cansado de andar con ese monumento por todas partes y si lo sigue haciendo es porque tiene la posibilidad de heredar todos los bienes, pues el viejo ha hecho un testamento donde lo declara su único heredero, pero a pesar de aquel gesto lo somete constantemente a grandes torturas: En más de una ocasión lo ha amenazado con cortarle la cabeza, hasta una espada ha llegado a deslizar sobre su arrugada nuca, aunque otros dicen que el empleado hace todo eso para divertirse. Yo estoy seguro que tarde o temprano alguien terminará con la vida del viejo. Tantas cosas he contado que he olvidado la cita que tengo con él, ayer le prometí que esta tarde lo llevaría a dar un paseo, en recompensa me prometió contarme una historia fantástica y como mi vida es una mezcla de fantasmas aprovecharé la oportunidad que me brinda el viejo. El viejo debe estar impaciente, a pesar que la tarde apenas comienza nadie transita por esta calle empolvada, él ya me ha visto e inmediatamente me saluda con su mano para que lo vea, aceleraré el paso para que dé fin a la espera. Pensándolo bien el empleado tiene razón porque bajar al viejo por esta escalera no es un trabajo que produzca placer, yo estoy seguro que en más de una ocasión el empleado ha sentido ganas de empujar escaleras abajo al viejo. Pero en este momento ya nada importa, porque esta tarde el inválido se arrepentirá de haberme invitado a salir con él, pues él pensó en todo, menos en que yo también era un iconoclasta.

Texto agregado el 11-05-2010, y leído por 329 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]