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estaba contento. había recibido mucho dinero por el trabajo. abrí la puerta de mi cuarto y corrí directo al teléfono. tenía que compartir mi vida, toda mi vida con una mujer... marqué y pregunté por ella... no está, respondió una mujer de edad. colgó. abrí la agenda con los números de amigas y apunté sus números sobre un pedazo de papel. empecé a llamar y una de todas respondió. le pedí que saliéramos. dijo que no, que no podía hoy porque salía con un amigo. colgó. iba a llamar a la siguiente pero me dije o me pregunté: ¿para qué?. ya era de noche y vi mi cama desarreglada y en su lugar de siempre. cogí un libro. lo puse en mi pecho y me eché a la cama... cerré los ojos y recordaba mi día... fue hermoso. esos niños jugando en la entrada del negocio. ese viejo renegando por ello. el dinero que entraba, el que salía... los rostros de una que otra persona con quien hablé... tengo que leer el libro, pensé. hice un esfuerzo y abrí los ojos. encendí la lámpara y abrí el libro que tenía sobre mi pecho... empecé a leer y fue maravilloso. no pasaron más de la mitad de una página y quedé dormido como un borracho... no recuerdo qué soñé, pero la pasé bien... no recuerdo cuando desperté ni a qué hora, tan solo sé que me levanté y fui hacia la mesa del desayuno con la luz de una mañana llena de sol y sonidos de gente alegre. cogí el pan, la leche y oré antes de desayunar... siempre que oraba, cerraba los ojos... de pronto tuve una visión... fue una mujer, mejor dicho una niña. ella me llamaba, me llamaba pero yo no iba porque no lo deseaba, tan solo quería estar así, sin saber qué hacer, sin pensar en nada, en nada más que en la nada... la visión se fue y de un porrazo, terminé el desayuno. me vestí y fui corriendo al trabajo... como siempre, llegué tarde... el dueño me miró a los ojos y me dijo todo lo que temía... cogí mis herramientas y seguí chancando el metal, una y otra vez hasta que sonara el timbre del almuerzo. me concentraba en el sonido de mi trabajo cuando sonó el timbre de la merienda... miré cómo salían los trabajadores y fue terrible saber que eran unos animales en cuerpos hermosos y desgraciados... dejé de chancar y fui hacia la mesa. todos comían y hablaban. se me quitó el hambre, pero quise escuchar el sonido del silencio. me tapé las orejas y escuché el sonido del mar... así seguí hasta que sonó el timbre de entrada... abrí los ojos y todos los empleados me miraban a los ojos... solté sus ojos y fui hacia mi lugar... seguí chancando mas y mas el metal hasta ver, para mi asombro, el rostro de la niña en el fuego hecho por el metal... me llamaba, me llamaba, sin parar, y escuché mi nombre salir de sus labios... no me detuve y seguí chancando el metal hasta que sonó el timbre de salida... dejé mis cosas y salí a la calle... aún estaba la tarde hermosa y mi cara no se despegaba del cielo... caminé hasta llegar a un parque. busqué una banca y la encontré. me eché y cerré los ojos, y pude ver el rostro de la niña, llamándome, una y otra vez... fue bello, pero, sabía que iba a despertar, una y otra vez, como todos los días...

Texto agregado el 12-02-2010, y leído por 152 visitantes. (0 votos)


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