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Inicio / Cuenteros Locales / CalideJacobacci / El Uruguayo

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El Uruguayo


I




-¿Viste soldar con eléctrica?

No, le dije con los ojos atentos en busca de sueños entre las llamas que el viejo trabajaba con un palo.
Fácil, me dijo Hans.
Don Hans le decía yo, en La Coronilla y sobre todo en ese caserío que se abultaba en chapacartón hasta llegar casi a la playa para todos era el barquero. El vino le aflojaba un poco la lengua pero igual era difícil entender su español.
El mar se mueve en las sombras, más cerca, más lejos. Se apaga. Se pierden las referencias.

-No usa más remaches.

En un planchón de hierro con cuatro patas chillaban dos lenguados y unas cebollas. Diciembre estaba allí, en el borde de la playa, durmiendo bajo un cielo estrellado junto a nosotros.

-Remache pesa.

Me miró e hizo un gesto con las dos manos como si levantara algo, la luz del fogón le avanzó entre la barba como un brillo naranja dándole forma al mentón. El sudor que junto en la tarde se le había secado con el viento y le ardía en la cara.
Al fondo de los medanos que se habían puesto negros con algunos penachos de arena más claros al tocarlos los destellos de la luna, se podían ver Cabo Polonio en un juego de reflejos fantasmales.

-Soldadura pesa menos, mucho menos y se hace más rápido.

Lo dijo, se llevó un trozo de pescado asado a la boca y en el rostro le creció una sonrisa profunda, cómplice, como la intimidad del mar.
Una sonrisa que con sus dedos gigantes va resbalando sobre el horizonte de la playa salpicada de espuma, hasta que la cerrazón salada la habita, la humedece y empapada se evapora entre los pelos de la barba, entre las cejas macizas, entre los pliegues del ceño.

El me enseñó el oficio. Los dos solos un verano con buen tiempo hicimos una barcaza que en otros astilleros seguro tardaban seis meses.
Hans no hablaba cuando tenía la máscara protectora puesta y la eléctrica en las manos, pasaba tardes enteras entre el fulgor de las chispas, sin decir una palabra, ni para pedirme una herramienta.
Utilizar soldaduras en lugar de remaches diminuyo el peso de los navíos y los hizo más navegables y baratos.

Unos veranos después aparecieron esos botes un poco por debajo del horizonte, al principio el brillo del sol en el agua los borraba por momentos, después, con los chicos corriendo por la arena, apareció la torreta y la forma del navío, del submarino alemán en esa misma playa buscando ayuda por una avería.
Bajó un bote con gente armada. Hablaron un largo tiempo con el viejo.

-Die jungen wissen löten- Le escuche decir.

Él me propuso embarcarme con algunas herramientas.



II



Una tarde de julio, en la mesa más alejada del boliche del Flaco, la que está junto a la ventana que da al sur y por eso es la más castigada por el viento, un hombre se sentó a mi lado y sacó de sus ropas una pistola calibre 45.
Una Ballester Molina pensé antes que me inundara el pánico.
Era un hombre calvo, muy delgado y en su piel brillaba un tinte amarillento, igual que en sus ojos. Pero allí el brillo era más intenso, casi una luz amarilla.
Tenía un temblor fino que resaltaba más aún cuando se movía, sobre todo en los dedos y en los labios.
A la frente, su amplia frente, la surcaban dos arrugas profundas y a los costados le brotaban gruesas venas azuladas, simétricas, que se perdían al llegar a los parietales donde las cubría un poco de pelo.
Algo en él me era familiar. La ropa que lo cubría, varios talles mayor al suyo aparentaba mucho uso pero estaba limpia. Un viejo uniforme de marino.

El ruido que produjo el arma al dejarla caer sobre la mesa paralizó el resto de los sonidos que hasta ahí navegaban por el aire del bar.
Sonó seco y ofensivo, como quien busca pelea.

Comenzó a hablar con la calma que aparentan las personas excesivamente alteradas pero que hacen un esfuerzo monstruoso para disimularlo.

- Por fin lo encuentro- Me dijo.

Por la hora y por la época en el boliche estábamos solos, si exceptuamos al Flaco.

Ibarrita tiraba piedras desde la playa hacia los nidos que los loros cavan en la barranca.
Así, mirando al loquito, entretenía mis ojos antes que ingresara el hombre de las profundas arrugas en la frente y las venas marcadas como dedos de una mano que le abrazan el cráneo.
Arroja las piedras hacia arriba, los más alto que pueda llegar a la pared del acantilado y no las esquiva cuando caen, se agacha, cierra los ojos y se protege la cabeza con las dos manos apoyadas en la nuca.

- Tengo una sola bala, y uno de los dos la va a usar.

Dijo después, mientras sacaba el cargador y con los dedos tembleques extraía una bala dorada y regordeta, y la dejaba sobre la madera, junto a mi vaso.

- ¿Vio? Yo no miento.

El miedo no me dejo salir palabras pero si un gesto de levantar hombros y juntar los cinco dedos de la mano izquierda, y llevarlos cerca de mi boca fruncida.

- No se que es este juego- Le dije.

-¿Mire usted?- en su boca le creció una sonrisa despectiva, y el temblor le aumentó hasta ser tan intenso que simuló una carcajada sin sonidos.

En la piel el amarillo le progresó enfermizo cuando el sol iluminó incluso los rincones al salir de entre las nubes.
Afuera, castigados por el frío los tamariscos estaban raleados y el mismo amarillo que al viajero les iba subiendo por las ramas gruesas, pegado a los troncos, sin las hojas y en esos espacios se dejaba ver el campo. La planicie que sigue más allá de los medanos.

Tomó la pistola con una mano, la bala con la otra y en un movimiento las hizo desaparecer bajo la mesa.
Jugó hacer unas maniobras de poner el proyectil en el cargador y luego introducir este en el arma con un golpe de la palma simulando asegurar que entre hasta el tope sin que yo lo viera.
Después frente a mi cara empuño sobre las cachas negras con la mano derecha, con la otra llevó la corredera hacia atrás y la dejo volver lentamente como quien pone una bala en boca.
Con un golpe la dejó sobre la mesa y aparto la silla.

-No sabe si está cargada-

Se puso de pie, apoyo la palma de una mano cerca del arma y con la otra, con los dedos, la hizo girar como un molinete en la madera barnizada.
Luego se alejó unos pasos mirando como la boca negra del caño en su movimiento circular recorría la soledad del boliche pasando sucesivamente frente a él y frente a mí, una y otra vez.

-Al que apunta cuando pare, pierde- Dijo. Mientras la 45 frenaba con el caño mirándole la panza.
Sin pensarlo tomó la pistola se la llevó a la sien y gatilló. El clic del percutor pegando en el vacío abrió la puerta, y entro Ibarrita.
En un solo movimiento la bajó de su cabeza y me la acercó con el brazo extendido.

-Ahora juega usted- y me aproximó también la bala que tenia escondida en la palma de su otra mano.

-¡Decida si carga o no!-

El muchacho se había arrimado al mostrador en silencio. Tenía los ojos exageradamente abiertos, tanto que se me antojaba imposible que nadie en el mundo pudiese abrir de tal manera los ojos.
El gesto de su sonrisa perpetua rellenaba el resto de su rostro.

-Es uno de ellos- murmuró, como temiendo que alguien escuchara sus palabras. –Se lo quiere llevar al Uruguayo-


III



-¿Puedo saber por qué quiere matarme? Dije.

-No debe quedar nadie del naufragio del U-020, ¡nadie!

La boca de fuego del cañón ahora le apuntaba a la profundidad de las arrugas de la frente, el arma me pesaba agradable en la mano. El gesto de asombro de los ojos del tripulante alemán le hundía más las arrugas hasta mostrar casi el cerebro entre los surcos y achicarle el resto de la cara.
Apenas moví el puño a la derecha y el proyectil en un estampido avanzó por el caño, mientras la corredera retrocedía empujada por los gases de la pólvora y desde la recamara saltaba la cápsula.
Ambos vimos la bala en el aire. El plomo enchapado en níquel que surcó el espacio pegado al cráneo de venas infladas y azules, y atravesó la tibia oscuridad del boliche, y atravesó el cristal de la ventana, y voló sobre la playa solitaria levantando a las gaviotas que vuelan delante de su paso, y planean y gritan al ver su sombra, y siguió ya perdida entre las dunas hasta dormirse en un borbotón de arena.

-Vayasé hombre, esto ya pasó, ya se perdió en el tiempo no vale la pena.

El Flaco despierto por el estruendo del disparo, buscaba abrir los ojos y movía suavemente el cuchillo empuñado por el cabo como un gran dedo índice, puntudo y filoso.

-El tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir.-

Recitó de memoria.



(2010)

Texto agregado el 22-01-2010, y leído por 286 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
2010-03-06 12:19:52 Bueno, mira que a mí no me hiciste la invitación para leer esta narrativa; dí por casualidad con el exquisito cuento cuando abrí el libro de visitas de nuestro amigo _Rebelión_ ¡Grata sorpresa leer esta narrativa tan descriptiva!; es creativo, mantiene en vilo al lector desde el inicio hasta el final; cuenta con todos los elementos necesarios para ser un excelente cuento; en su estructura: Introducción, nudo y desenlace. Es atrapante, me gustó el vocabulario, el empleo de voces pasivas -Aunque no sé si fue tu intención.- en la forma descriptiva de narrar denota conocimiento Retórico del autor y separaste magistralmente al hablante del autor, cosa no muy fácil de conseguir. ¡Te felicito!, Sólo a modo de recomendación cuida un poco más la ortografía, la reiteración en tantos signos; le haría más fluido "sólo unas comas" podrías emplear más punto y coma para marcar aún más la cadencia de lectura; sólo esa pequeña observación. Está muy bueno, ocurrente, distinto con una forma de narrar que me recuerda mucho a Pedro Páramo de J. Rulfo. Es una joya qué se puede pulir aún más y dar el paso de un excelente cuento a uno extraordinario y de granes ligas, tiene muchísimo potencial... Saludos te dejo a Cinco fulgurantes estrellas. DENEB*MIZAR*ANTARES*ALDEBARAN*Y MERAK alpha_y_omega
2010-02-15 14:21:52 Atrapa. Se siente vivamente la fuerte pero al mismo tiempo desinteresada tensión de los personajes. Siempre es bueno leer a CalideJacobacci..!! nanchogalarreta
2010-02-12 15:17:03 Me alegro haber pasado por aqui, excelente¡¡ pocas veces leí algo tan interesante, para mi realmente es un descubrimiento tu escritura, buenisima***** silvimar-
2010-02-10 18:08:10 Más que en la trama me entretuve en la caracterización, secuencia y descripción de sus personajes. ¿Por qué? Porque para mí fueron o tuvieron más relevancia si cabe que la historia que se cuenta. azulada
2010-02-10 04:13:03 Me gusto lo leido mis5* y besitos los de siempre NILDA yo_nilda
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