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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / El cumpleaños

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—Y habrá globos —les explicaba Ruth mientras se comía el bocadillo— y habrá confetti y habrá serpentina y habrá papas y habrá quicos y habrá palomitas y habrá aceitunas y habrá... bocadillos y habrá bocadillos de atún y bocadillos de salchichón y bocadillos de queso y bocadillos de paté y bocadillos de jamón y habrá Coca Cola y habrá Fanta, Fanta limón y Fanta naranja y habrá...
—¿Y habrá Bitter Kas sin alcohol? —le preguntó Daniel, que no se dejaba impresionar fácilmente.
—Sí —le contestó, sin dudarlo ni un segundo.
—¿Y habrá... palmeras de chocolate?
—Sí, claro.
Pablo se quedó esperando la próxima pregunta de su amigo, pero Daniel se había quedado sin ideas.
—¡Va a ser genial! — exclamó Ruth, con tanto énfasis que dos trozos de bocadillo le salieron disparados de la boca.

Ruth había llegado a aquel colegio con el curso ya empezado. A Pablo no le acababa de caer bien. En realidad le espantaba quedarse a solas con ella, porque cuando Ruth se ponía a hablar, no paraba. Pero toda la clase iba a su cumpleaños y la fiesta iba a ser genial, iba a haber payasos y hasta un mago. En realidad le hacía una ilusión enorme que le hubiera invitado. Recientemente había habido otro cumpleaños y a Pablo no le habían dicho nada. Desde hacía dos semanas Ruth no hablaba de otra cosa y, de tanto escucharla, Pablo había llegado a un increíble estado de excitación, los ojos le hacían chirivitas sólo de pensar en la fiesta y hasta le costaba dormir por las noches.
Tres días antes del cumpleaños fue con su hermana a comprar un regalo para Ruth. Estuvieron un buen rato buscando por la papelería hasta que encontraron algo que les encantó. Era una marioneta de madera muy sencilla, que representaba a un perro. Con los hilos movías la cabeza y las patas, que eran cordones negros con trocitos de madera en los extremos. Era un regalo tan chulo que a Pablo le hubiera gustado que fuera para él. El dependiente lo envolvió con papel de regalo y se lo dio en una bolsa transparente con lunares de colores.
Habían quedado el sábado a las cinco de la tarde en la placeta. El plan era esperar a que llegara todo el mundo y luego ir al piso de Ruth. Pero aquel sábado su padre se había levantado de buen humor y a mitad de mañana había dicho: «¡Hace un día de puta madre!». Pablo lo había escuchado con espanto porque sabía que eso quería decir que al poco tiempo su padre se habría puesto los shorts, la camiseta blanca y la gorra y querría llevarse a la familia a comer una paella a la playa. En aquel restaurante acababan siempre tardísimo y Pablo sabía que, por mucho que se lo prometiera su padre, no podía garantizarle que llegaría a tiempo al cumpleaños.

Pablo entró corriendo en la placeta casi una hora tarde con la bolsa del regalo en la mano. Estaba convencido de que ya no habría nadie, pero a lo lejos vio a Daniel jugando a fútbol con otros niños. Pablo dio un salto de alegría y se fue corriendo hacia él.
—¡Hola! ¡Ya estoy aquí!
—¡Hola, Pablo!
—¿Dónde están los del cumpleaños?
—Lo del cumpleaños era mentira —dijo Daniel, con los dientes apretados.
Le contó que habían ido todos a la plaza y le habían dado los regalos. Ruth había repartido caramelos, pero eran de esos malos de café con leche y no había para todos. En vez de llevarles al piso, lo único que quería era jugar en la placeta. Luego apareció su madre y se puso a gritarle y le pegó en el culo y les dijo que no había fiesta y que Ruth les había mentido. Entonces los niños le reclamaron los regalos.
—¿Le pediste que te devolviera el regalo?
—¡Claro! ¡No se iba a quedar con mi boli!

Daniel le preguntó si quería jugar a fútbol con ellos, pero a Pablo no le apetecía, así que se fue a casa. Se sentía exhausto. Caminando por la calle se dio cuenta de que todavía llevaba el regalo en la mano. Cuando vio la bolsa transparente con lunares de colores se puso a llorar sin saber por qué.

Texto agregado el 20-03-2008, y leído por 357 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-06-08 14:50:32 Como que ya me había acostumbrado a esa historias tan locas tuyas y te traes este texto que me deja pensativa, que me hace pensar y no olvidar los sueños de nuestros niños. FaTaMoRgAnA
2008-06-07 18:33:18 Me gustó. Hay un dramatismo implícito, aquél con el que se viven estos episodios en la infancia, pero no cae en la cursilería. 5* el-tabano
2008-06-06 21:32:24 Me cachis. Qué bueno está tu texto. Felicitaciones. 5* ZEPOL
2008-06-04 20:46:10 ¡Qué buena historia, y qué simple al mismo tiempo! Creo que a eso le llaman el arte de escribir. Desastroso
2008-04-30 11:19:46 Qué bonito relato. Sencillo. claro y con un deje de caramelo de café. santacannabis
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