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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Miedo y asco en la ría de Arousa

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Qué bonita es Galicia y qué bueno está el fornido gaitero que acaba de traernos los platos. Unas deliciosas navajas a la plancha para mí y una impresionante langosta para Bobah, todo ello regado con abundante Ribeiro, ya que nuestro pulso al servir las copas dejaba bastante que desear. Desde aquella terracita de aquel chiringuito tan encantador, el mundo parecía un sitio mejor. La brisa marina, las gaviotas y los cantos de los percebeiros. ¡Era too much, baby! Aunque nos miraban como si fuéramos dos marcianas que acabáramos de bajar de un platillo volante. No me extraña, no había más que ver a Bobah, que no entendía que el top de leopardo que llevaba se pegaba de hostias con el collar de perlas y los pendientes de sevillana, por no hablar del bigote de guardia civil con el rojo del pintalabios. Ahora está mirando la langosta con cara de acojone. Ay, hija, quién se pasó con los tripis anoche...
—Te juro que se ha movido —dijo Bobah.
Disculpen, no me he presentado. Mi nombre es Star, Sondra Star, y ésta es mi compañera, Bobah Licona. Somos las primeras espías transexuales del estado español, agentes secretas al servicio de su majestad el rey Don Juan Carlos I, con licencia para matar, gracias a la ley de igualdad de género de Zapatero. Estábamos en aquella terracita esperando a un contacto que tenía que informarnos de nuestra próxima misión. Para no levantar sospechas nos habían hecho venir por el camino de Santiago, disfrazadas de peregrinas. Eso no había tenido ni puta gracia. Estaba desriñoná, con los pies destrozaos, hasta el coño de tanta naturaleza y tanto alojamiento rústico. Aunque anoche nos fuimos de fiesta y le peté el culo a un opusino. Todos sabemos que la única diferencia entre un gay y un hetero son cinco cubatas... pues siete botellas de sidra asturiana tienen el mismo efecto. Eso sí, el resacón no te lo quita nadie. ¿Dónde coño se había metido nuestro contacto? ¿Y qué pinta tendría? A ver si era el camarero gaitero, que por cierto ahora se dirigía a nuestra mesa, aunque creo que venía porque Bobah Licona se había subido a la silla y estaba berreando como un mandril.
—¡¡SOCORROOOO!! ¡SACADME DE AQUÍÍÍÍ! ¡LA LANGOSTA ME ATACAAAA! ¡¡UAAAAAAAAHHHH!!
El fornido gaitero agarró a Bobah por el cuello y empezó a zarandearla en el aire mientras le decía:
—¡¡Rianxeira non me fodas carallo! ¡¡Miña casa nunca máis, albariño botafumeiro, na ralla do cu!!
Mi gallego no es muy allá, pero creo que le estaba diciendo algo así como: «¡Como no dejes de hacer el payaso ahora mismo, te meto un par de galletas que te dejo la cara hecha chapapote!».
Habría ido a socorrerla pero la verdad es que tanta violencia me estaba poniendo cachonda. Al final reaccioné y le cambié a Bobah la langosta por mi plato de navajas. Bobah se bajó de la silla y conseguimos que el camarero accediera a no echarnos a patadas.
—¡Tía, estoy hasta los cojones de tus brotes psicóticos! —le dije a Bobah.
Pero mientras lo decía vi que no era mentira, ¡la langosta se movía de verdad! ¡Qué espanto, dios mío! Agarré la cuchara y empecé a darle en la cabeza con todas mis fuerzas mientras decía: «¡Pan duro, que salga duro!». Ay, no, lo que decía era: «¡Puta! ¡Puta! ¡Muere, puta!» Pero la puta no se moría, seguía moviéndose atrozmente, cerrando las pinzas en el aire una y otra vez. De repente, los ojos se le iluminaron de rojo y el bicho empezó a hablar:
—Hola —dijo la langosta, que tenía la voz de Constatino Romero—, me llamo Sebastián y el gobierno español me ha enviado para que os informe de vuestra misión.
—¡Oh! —exclamamos, estupefactas.
—Escuchadme atentamente, porque sólo lo diré una vez. Contamos con información privilegiada sobre el paradero de Osama Bin Laden. No se encuentra escondido en las montañas de Afganistán, sino en las Rías Baixas de Pontevedra. Vuestra misión es la siguiente. En la carretera os espera una furgoneta con todo el material que necesitáis para infiltraros en la organización: kalashnikovs, abundante munición, dos burkas y una cinta de cassette con versos del Corán.
—El burka se lo va a poner tu puta madre —le dije.
—Te jodes, Sondra Star. Para evitar un inminente atentado, debes seducir a Bin Laden. Bobah deberá documentar el encuentro fotográficamente.
—¿Pero esto es una misión secreta o un reportaje para la Interview?
—Fin del mensaje. Esta langosta se autodestruirá en 10 segundos. 9... 8... 7... 6...
—¡Hostias! —gritamos y nos escondimos bajo la mesa.
—5... 4... 3... 2... 1... 0.
Nada.
Bobah y yo nos asomamos cautelosamente y nos quedamos mirando la langosta humeante.
—¿Está muerta? —preguntó Bobah.
—Creo que sí.
—Pues pásame una pinza, que me ha entrado hambre.


Continuará.

Texto agregado el 07-03-2008, y leído por 315 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2008-05-25 16:25:11 Entretenida historia, con giros aquí y allá que permiten al lector disfrutar de este acto solemne de leer y adentrarse a en la historia. El retrato de Boba, genial... Muy bueno. Estrellas para iluminar esta historia de gentes distintas...estess digo agentes. FaTaMoRgAnA
2008-04-15 15:23:00 Realmente divertido. vitrubio
2008-03-20 23:57:58 Entretenida la costa gallega. Algún día me pegaré una vueltita para ver a los primos de España. Saludos arqui
2008-03-20 11:13:28 Lo que da de sí la costa gallega, estoy por darme una vueltecita. Eso sí, me llevo mis viandas, los restaurantes no dejan de darte sorpresas, que si langosta explosiva, que si sirena carota… antoniana
2008-03-13 07:19:01 "Ay, hijo, quién se pasó con los tripis anoche...". La langosta-teléfono, es plagio de Dalí. A mí no me engañas. sophie
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