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Inicio / Cuenteros Locales / sendero / El incunable

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Había comprado un lote de libros viejos a insistencia de su esposa, —No estaba para dispendios, pues su situación era apremiante— El confió en la intuición de ella y resolvió la operación obteniendo un préstamo con intereses altos y dejando en garantía el resto de sus propiedades.

—Con una joya que te encuentres será suficiente para salir del atolladero. Le decía ella.

La biblioteca era inmensa y había pertenecido a una familia que llegó a la región proveniente de Europa, en el siglo pasado. Se encerró días y noches entre columnas de libros apestosos de tiempo. El cansancio lo fracturó y quedó dormido sobre uno de ellos, escrito en latín.

Sus hijos se habían ido. Vivía en soledad con su esposa, pero ellla extrañaba los días de convivencia, vino y placer.
Despertó a deshoras de la noche y sin explicarse cómo, pudo dar lectura. En la mañana su mujer lo encontró ensimismado y en silencio se retiró. “ Tal parece que halló la joya", -se dijo.

Horas después había redactado dos cartas: En una decía, lo que todo el que se va suicidar dice: “No se culpe a nadie de mi muerte” y el final: “dejo todos mis bienes, pólizas y seguros a mi amada esposa”. La segunda carta dirigida a su cónyuge. “Como sabes, nos casamos por bienes separados, así que, no tienes porqué pagar mis deudas. Entiérrame de tal manera que tú sola puedas rescatarme. Estaré en un estado parecido a la muerte y al mes exacto, volveré a mi conciencia.

Entre los rezos, el novenario, los abrazos de condolencia se pasó el tiempo. Los acreedores se retiraron y el día previsto, ella canturreaba en silencio bajo el velo y su ropa de duelo. Camino al cementerio el viento le zarandeaba sus ropas. Casi frente a la tumba, salió un individuo de pelo entre cano que le entregó un sobre.

—Aquí tiene su boleto de avión. Yo la esperaré en la casita que adquirió en las afueras de París, para no dar de que hablar. Por cierto, el libro viejo que me dio ya está en la caja de seguridad. Ignoro por qué lo cuida tanto.
Ella ordenó al mozo que limpiara la tumba, le arreglara los floreros y que trajese rosas blancas frescas, que eran de la preferencia del finado. Poco después pidió estar sola y cien ojos miraban con pena el rosario de lagrimas y cómo a la distancia ella parecía una enorme mariposa negra que se perdía entre la maleza de aquella tarde vieja.

Texto agregado el 28-02-2008, y leído por 516 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
2008-12-12 00:51:29 Muy bueno sendero, gracias por la invitación.***** tequendama
2008-03-27 15:36:04 Me mantuvo pegado a todas las letras, interesante y cargado de excelentes imagenes como la enorme mariposa negra, un cuento sabroso. Abrazos Aramis
2008-03-27 03:59:23 Interesante y bien escrito.***** rigoberto
2008-03-22 15:14:24 Muy buen relato. Medeaazul
2008-03-09 23:42:10 Buenísimo, 5* astigitana
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