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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Toby

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Le despertó la lastimosa voz de su hermana, llamándole desde la habitación. ¿Qué ha pasado? ¿Iván, qué pasa? Iván tenía la cara aplastada contra el suelo, rodeada de cristales. Debía de haberse tropezado. La puerta del comedor estaba rota, estaba borracho. Hacía unas horas había perdido el trabajo, por haberle partido los dientes a un compañero. Iván oyó unos golpes regulares contra un cristal, separó la cabeza del suelo y vio a Toby, llamándole desde el otro lado del balcón. A través de la ventana le suplicaba que le dejara entrar, mientras se mantenía suspendido en el aire moviendo las orejas.

El perro de la vecina volaba, pero eso no lo sabían cuando la vieja murió y su hermana insistió en quedarse con el bicho. Como si no tuviera bastante con cuidar de ella, ahora tendría que sacar a pasear al puto perrito. Una mañana, al llegar del trabajo, Iván se resbaló con un charco de orín. Aquello le sacó de sus casillas. "¿Dónde estás chucho de mierda?", gritó como un poseso. "¡Cabronazo hijo de puta, te vas a enterar! " Toby dio un salto al ver a Iván corriendo hacia él y salió disparado hacia el comedor, derrapando por el pasillo. Entonces se produjo lo inesperado. Cuando iba por mitad del comedor se puso a agitar las orejas y, antes de llegar al balcón, se había separado del suelo e iba desplazándose por el aire. Aquello sólo podía ser una alucinación etílica. Iván se quedó mirando cómo el perro se alejaba por entre las antenas de los pisos.

Al menos no tenía que sacarlo a pasear. Bastaba con subirlo a la terraza. Toby se pasaba un rato correteando hasta que, en un momento dado, cogía carrerilla, saltaba sobre el muro de la terraza e, impulsándose con las patas traseras, se lanzaba al vacío. Blanca solía ponerse en el balcón con la silla de ruedas para verle volar. Hacía tiempo que nada la ilusionaba tanto.

Tras perder el último trabajo, Iván se sumergió en una bruma de alcohol y televisión y fue desentendiéndose de su vida, de su hermana, de todo lo que solía hacer. Los días pasaban en una rutina de asco en la que todo era oscuridad menos Toby, que cuando menos lo esperabas llegaba corriendo por el pasillo y saltaba por la ventana. Era como si no formara parte de aquel mundo. Toby era un animalillo mágico, un dibujo animado que hubiera encajado en una historia alegre de vivos colores, pero no allí.

Un día Iván despertó un poco de su sopor y se acordó de bañar a su hermana. Mientras lo hacía, pensaba en los tres meses que llevaban sin pagar el alquiler.
—Podríamos hacer algo con Toby —le dijo a su hermana—. Llevarlo a un circo o algo. A lo mejor ganábamos dinero.
Blanca, desnuda en la bañera, no se atrevió a decirle nada, su hermano le daba miedo.

Pero Iván no hizo nada. Hacía tiempo que no hacía nada, más que ver la televisión y acumular basura. Observaba a Toby cuando se iba volando y pensaba: ese cabrón sí que se lo pasa de puta madre. Estaba convencido de que Toby se escapaba a un mundo donde todo era un puto cachondeo, y allí se juntaba con Campanilla y con Dumbo y se iba saltando de nube en nube con ciervos dorados y girafas verdes. Seguro que se encontraba con su novia, una caniche voladora, y se pasaba los días retozando por el cielo. Ese chucho sí que sabe pasárselo bien, pensaba Iván mientras miraba el lugar del cielo por donde había desaparecido Toby.

Cuando su hermana murió, Ivan sintió una mezcla de alivio y mala conciencia. Tras las gestiones oportunas, se planteó limpiar un poco la casa y buscar un trabajo pero, en vez de hacerlo, regresó a su nube de alcohol.

Una de aquellas tardes Toby estaba más nervioso que de costumbre y no paraba de corretear. Por algún motivo, su mareante presencia no hacía más que recordarle a su hermana. Iván decidió subirlo a la terraza.

Sentado en el suelo, encendió un cigarrillo mientras observaba a Toby correr de un lado a otro sobre las baldosas. A qué esperas, Toby, pensaba Iván, lárgate, vete a ese mundo mágico donde los perros vuelan. Pero entonces, se dijo Iván, por qué no podía él hacer lo mismo. Al ver que su perro tomaba carrerilla, se levantó y se puso a correr tras él. Toby volvió un instante la cabeza y aceleró aún más al verle. Pero Iván le alcanzó justo en el momento en el que llegaba al muro, saltó para apoyarse y se dio el impulso final. Inmediatamente entró en aquel mundo y, deslizándose por el aire con Toby al lado, vio a los ciervos dorados saltando a lo lejos. Era aún más hermoso de lo que había imaginado.

Texto agregado el 21-01-2008, y leído por 307 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2008-05-18 19:04:56 He empezado este cuento varias veces, y no sé por qué, lo dejaba en el segundo párrafo. Hoy me he lanzado, he tomado carrerilla, he llegado hasta el final. Me ha gustado. sophie
 
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