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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / el valor de la belleza

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estaba parado, mejor dicho, sentado frente al auditorio de la sala mayor, con toda esa gente bien vestida, esperando mis primeras palabras, decir lo que quise decir cuando escribí esta extraña novela que ha causado tantos problemas a mi intimidad y a todos mis amigos que han dejado de serlo por querer ser zancudos, convenidos y ese tipo de gente. he ganado un gran concurso de novela. nadie me conocía, nadie excepto mis amigos a quienes les mandaba unos libritos llenos de poemas, pensamiento y cuentos. ellos sí que me leía, al menos, eso pensaba antes de concursar en el premio de novela corta acerca de la vida y obra de un mendigo. ese fue mi tema y de eso escribí. y gané por varios puntos. yo, yo que jamás había ganada ni siquiera una rifa de globitos, nada, y de repente, ya era un personaje conocido, un intelectual un alguien para los demás, aunque para mí era como una persona perdida entre la bulla de caras sonrientes, palabras de elogio, dinero, libros, reuniones, amigas alegres, etc. no, eso no era lo que buscaba. pero allí estaba, frente a toda esa gente, y a mi lado, cinco personas que tan solo había visto o escuchado o leído por los medios de difusión. miré todas las ediciones de mi libro que tenía una linda imagen de mi amigo, el señor pantaleón, ese mendigo que vivía al lado del cuartucho en que vivía y que lo único que hacía era comer, cagar, dormir y leer, eso sí, leía como una quijote. fue él quien me dijo para concursar, fue él quien me inspiró la idea de esa novela llamada "ropa sucia"...

miré mis manos, el papel que me habían dado para leer dándole las gracias a la editorial y a los patrocinadores del concurso de novela... lo miré pero lo solté como si quemara el papel. me paré y dije la verdad: muchas gracias...

todos aplaudieron y se me acercaron a que les firme los libros con mi foto en una de las tapas. me dieron lapiceros, etc. y firmé y firmé hasta que en medio de olores un sudores, sentí un jalón en el hombro y salí de aquel gentío. entramos a un auto y dentro estaba una mujer de ojos gatunos y peligrosos vestida toda de rojo sangre, medias entre oscuras y transparentes, y zapatos negros encharolados y en punta aguja. a su lado estaba el viejo maldito, ese mismo que me dijo que yo era una persona afortunada... los miré un instante, ambos mostraban sus fauces, bajé la cabeza y quise tirarme por la ventana. ese no era mi lugar, a pesar de que sí era mi novela. quiero irme señor, le dije al viejo ese. ¿por qué?, preguntó. ¿no deseas la fama, el dinero, mujeres, y algo mas...?. bajé de nuevo la cabeza cuando sentí las uñas frías de esa mujer, tocándome los dedos. salté como un gato y todos se sobresaltaron. ¡quiero bajarme!, grité. el auto se detuvo y bajé sin decir adiós... corrí hasta llegar a mi casa, a mi pequeño cuartucho lleno de tantos libros y papeles escritos por mí. entré, saludé a la dueña de la casa, y la vieja quiso que le firme un libro. se lo firmé y me despedí. entré a mi cuarto y vi a mi amigo el mendigo, el buen viejo... estaba durmiendo. ¿que hago compañero?, le dije. este se dio media vuelta y me dijo algo que jamás olvidaré:

aléjate, desaparece de todo, pero no lo olvides... escríbeme, escríbete, tu sabes que no hay distancias ni lugares idóneos para eso. ahora vete. ¿y el dinero?, pregunté. eso es tan solo papel, y como todo lo que es perecible, va a desaparecer, así como tu, en este momento. Vete y escríbeme, o escríbete, hasta que sientas que debes volver como un zaratrustra...

me fui de esa casa y me refugié en un lugar en la parte sur de mi país. mientras llegaba, una gran tristeza me embargaba. llegué y pedí un cuarto en alquiler a una anciana pequeñita y calladita, parecía que en cualquier momento el viento la arrancaba del piso en que caminaba. apenas entré a mi pieza, cogí mi cuadernillo y escribí con mi pluma de color violeta, era mi color preferido para lugares nuevos... y empecé así:

amigos, hermanos, hijos, almas...
hay en sus adentros
un jugo que va de una cima a otra
no cesa de fluir hasta llegar a su mar
es un lugar en donde terminan los sueños...

una vez allí
abre las puertas de tu vida
y deja que entre la luz de la paz, verdad...
llénate de ello
puede salvarte en sentido de tu corta vida

ya con las alas de la eternidad
escribe en tu día a día,
en tu noche a noche,
en tu hoja partida
y cuenta que todo no es mas que un error...
un consuelo de niños...
un canto de ojos llorosos,
algo sin palabras ni letras
para ciegos con ojos...

ven a este crisol
que todo vuelve a ser sopa de flores
un alivio para un parto
un grito de amor
por un coito de amor y sudorů


terminé mi poema y seguí la página siguiente. una bulla mayor al teatro de los sueños me esperaba. en él estaban todos los muertos vivos, y los vivos muertos que aún continuaban creando potajes de letras y puntos y comas, bajo los bríos de todas las palabras...



san isidro, junio de 2007

Texto agregado el 23-06-2007, y leído por 260 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
2007-06-23 20:13:29 VAYA, ME GUSTO TU SINCERIDAD, Y SOBRE TODO TU FUERZA PARA DEJAR TODO ESO QUE MATA, QUE ASFIXIA. YO NO SOY RICA, SIN EMBARGO RECUERDO QUE EL MOMENTO EN QUE MAS DINERO HE TENIDO, HA SIDO TAMBIEN EL MOMENTO MAS INFELIZ DE MI VIDA, POR ESO TE PUEDO ENTENDER UN POCO. SI PUEDES, Y QUIERES ME PODRIAS DECIR EL TITULO DE TU LIBRO. ME GUSTARIA LEERLO. SUERTE. MICHA07
 
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