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Inicio / Cuenteros Locales / larsencito / Antonio Gómez y los dragones

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A los dragones hembra les gusta coleccionar cantos rodados, pero no porque crean, como las Hespérides, que apretadas muy fuerte con la mano izquierda durante el coito funcionen como anticonceptivo. Las dragonas coleccionan piedras pulidas sólo por su belleza y sus nidos son enormes montones de piedras, que aunque no lo parezca, han sido elegidas, una a una, meticulosamente a lo largo de toda una vida.
Antes cuando había más dragones no era raro encontrar a las hembras acompañadas por su prole en las riveras de los ríos haciendo brillar al sol de mayo sus majestuosas escamas doradas y sumergirse, una y otra vez, en busca de su tesoro, mientras sus retoños juguetean con las libélulas metálicas.
Tanto afán por conseguir algo tan prosaico como una piedra puede parecer a nuestros ojos un vicio tonto e incluso ridículo; sin embargo a las urracas nadie las cuestiona pues su famosa cleptomanía por las cosas brillantes es compartida con nosotros.
Antes de tachar a los dragones de tontorrones, por poder conseguir con su fuerza todo lo que quieran en el mundo y elegir piedras, deberíamos entender como ve un dragón. Los dragones ven deprisa. En realidad ven muy deprisa.
La vida media de un dragón es de aproximadamente 1000 millones de años o lo que es lo mismo el tiempo que tarda en crecer una montaña. Con esa vida tan larga es compresible que todo se vea a gran velocidad. La vida de un hombre para un dragón es más corta que para nosotros la vida de una seta.
Todo nuestro mundo es tan efímero para ellos que simplemente les es indiferente; sin embargo una dragona sumergida en un río está espíando a la naturaleza mientras esculpe las piedras. Los dragones ven cómo se van puliendo sus aristas. Cómo una veta de cuarzo blanco asoma en el canto, primero fina como un cabello, ensanchándose después sobre el oscuro granito. Los dragones observan pacientes a que su piedra dé vueltas y más vueltas hasta que esté exactamente a su gusto. Entonces, y sólo entonces, sacan la piedra del cauce del río y la transportan a su nido para que mantenga su forma perfecta para siempre.

Mi amigo, Antonio Gómez, escribe en los cantos rodados con letra de imprenta “POEMA PARA SER ARROJADO” y aunque nunca me lo ha confesado sé que debajo de esa barba tan poblada esconde algunas escamas doradas.

Texto agregado el 29-05-2007, y leído por 259 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2007-05-31 12:42:27 Magnífico... Menuda forma de acercarnos. Saludos. nomecreona
2007-05-30 23:53:52 Excelente! por mi parte, debajo de esta red virtual pulo unas estrellas que dejaré aquí por tu magnifico texto* elsupernormal
 
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