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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / culpables

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había caído al suelo, y no sabía qué hacer para remediar este accidente, pues era un terrible accidente, involuntario, pero irremediable. pero, ¿acaso alguien le comprendería? es seguro que su madre le miraría a los ojos y con las brazos estirados y los dedos de las manos extendidos como estrellas de mar, listas para sacudirle el cuerpo y el alma, este tendría que decirse que el mundo es terrible, injusto, mientras una pena más grande que el cielo entero, tocaría su alma y le haría sentirse peor que un gusano en medio de palomas hambrientas... pero aún no llegaba su madre y tenía una cabeza para pensar, o para mentir si era necesario, o preguntar a una persona mas sabia que él, aquello que paliaría el castigo por llegar. cogió el teléfono y llamó a su tío, el viejo tío solterón que vivía tres cuartas partes de su vida entre libros, música y mujeres, el otro cuarto, dormía. el fono sonaba inclemente, pero nadie parecía escucharlo. colgó y pensó en escaparse de su casa, irse tan lejos que nadie le encontraría jamás. sí, se dijo, eso es lo mejor. cogió una bolsa y metió cuanta ropa encontró. rompió una caja llena de monedas, producto de propinas y cachuelos, y se dispuso a escapar. de pronto, el teléfono sonó. iba a seguir su camino pero el teléfono le cogió de eso llamado esperanza, quizá era su salida, la mejor salida a este sentimiento que ahogaba su alma entera. se detuvo, soltó su bolso y levantó el fono. era su tío. hola sobrino, le dijo, ¿quieres hacerme un favor? sí, claro que sí, respondió. bueno, dile a tu madre que tengo un encargo que entregarle, y a ver si mañana pasa por mi cuarto a recoger este encarguito. el niño no dudó en ofrecerse en ayudar a su tío y le dijo si él mismo podría pasar por su cuarto y traer aquel encargo. ¿sí sobrinito?, bueno, sí así lo quieres, puedes venir que te espero. el muchacho salió de casa y antes de salir, juntó todas las piezas del aquella estatuilla rota y la puso en su bolso. salió corriendo de casa y fue al cuarto de su tío. apenas entró, le pidió que llevara a casa de su madre un recuerdo. el tío sacó una bolsa y de ella extrajo un álbum lleno de fotos, fotos de cuando ambos eran niños, traviesos niños que jugaban porque no había otra cosa que hacer, mas que jugar, estudiar y vagar... el niño miró atentamente las fotos de su madre y su tío cuando niños, jóvenes, muchachos, y un sentimiento brillante y cálido le limpió todo el pesar que empañaba su alma. iba a hacerle una consulta a su tío, pero se dijo que no era necesario. besó a su tío y este le dio un abrazo tan dulce que no hubo lágrimas, no hubo dolor, hubo bondad, un alma perdonada, un sentimiento de paz... gracias tío, dijo el niño. este salió del cuartucho de su tío y corrió hasta llegar a casa de su madre, y cuando entró, ella estaba sentada en la mesa, esperándole, fijándose que algo faltaba en su mesa. ¿dónde has estado?, le preguntó. este le contó lo de su tío y le entregó el álbum de fotos. fuiste muy feliz madre, ¿no? esta miró a su hijo y le dijo que sí, que sí lo fue, y empezó a contarle sus cosas, sus problemas de niña, sus travesuras y las cosas que entre su hermano y ella, ocultaron siempre a sus padres... madre, dijo el niño, perdóname... ¿por qué?, dijo ella. porque me sentí muy mal al romper esa estatuilla que estaba en la entrada de la casa, pero, fue un accidente... y cómo crees que te voy a perdonar... ¡ese fue un regalo de tus abuelos! ya la mujer se estaba levantando para darle una soberana sotana al niño cuando este se le quedó frente a frente y le dijo que si quería podría castigarlo, pegarle... no le temía, es mas, le perdonaba. la mujer se paró y esperó, miró los ojos de su hijo y recordó que una vez, ya hace mucho, fue niña, una niña tan joven e inexperta como su hijo. ¿por qué debo perdonarte hijo?, le preguntó. porque yo, ya me he perdonado... la madre miró a su hijo y bajó los brazos, los dedos, y se dio media vuelta y rompió a llorar sobre la mesa de la casa. su hijo se le acercó y le dio un beso sobre sus cabellos. ella volteó y no volvió a llorar... miró a los ojos de su hijo y le dijo que se sentara a comer…


san isidro, marzo de 2007

Texto agregado el 27-03-2007, y leído por 147 visitantes. (0 votos)


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