La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]

Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Azul
Eventos
Enlaces
Temas
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Domingo de Ramos

 Imprimir  Recomendar
  [C:261601]

Yo no era consciente de ello, pero a los siete años ya era un bicho raro. Llevábamos tres años en el pueblo pero no acabábamos de encajar. Supongo que, en parte, porque éramos sólo mi madre y yo. Tampoco ayudaba que mi madre fuera inglesa. En el pueblo la llamaban “la italiana”, porque no tenían muy claro de donde venía. Yo pasaba las tardes en mi cuarto mirando puestas de sol y dibujando con plastidecores. Cuando elegían a la gente para jugar a fútbol, me solía quedar el último y me tocaba jugar de defensa. Mi mejor amigo era Ignacio, el defensa del otro equipo.
La semana antes del Domingo de Ramos, mi madre se fue al mercado. Al poco tiempo todo el pueblo sabía que “la italiana” había estado paseándose por la plaza del pueblo y había comprado una de las palmas más bonitas del mercado. El día anterior yo le había dicho que Ignacio iba a la procesión con su familia y mi madre pensó que a lo mejor me hacía ilusión ir con él. Ya lo creo que me hacía ilusión. Lo normal hubiera sido ir a la procesión con la familia, pero claro, mi madre era anglicana, y no sólo eso, sino que además era protestante, y atea, y anticlerical y odiaba casi tanto a las monjitas como a los católicos beatos del pueblo. Pero, a mi me llegó al corazón que hubiera ido al mercado para comprarme una palma. Menuda ilusión me hizo. Y es que no era una palma cualquiera. Tenía las hojas entrelazadas formando estrellas, cenefas y tirabuzones, era lo más hermoso que había visto en mi vida.
El Domingo de Ramos fui a casa de Ignacio. Su familia y él me esperaban frente al portal. Mi amigo estaba muy guapo, vestido de domingo, pero no pude ocultar mi satisfacción al ver que su palma era mucho más fea que la mía. Era una palma supersosa, no era más que un palo con flecos. Ignacio me puso cara rara. No me extraña, si mi palma hubiera sido así de fea, yo también habría tenido envidia.
Pronto llegamos a la procesión. Aquello era precioso, allí estaba todo el pueblo reunido, había música alegre, las palmas se movían en el aire, estaba Mosén Cotanda y estaban mis compañeros de clase. La procesión empezó a moverse yo iba al lado de Ignacio. Pero, en un momento dado, vi a unos niños riéndose y señalándonos con el dedo. ¿De qué se reían? Justo entonces, una niña de clase llegó hasta nosotros corriendo y empezó a gritar:
–¡Lorenzo lleva una palma de chica!
No entendía nada. ¿Cómo que llevaba una palma de chica? ¿Es que había palmas de chicas y palmas de chicos? Y entonces vi a Ignacio, con su larga palma entre las manos, mirándome como si quisiera decirme: ¿tú te das cuenta del apuro que me estás haciendo pasar? Y miré a mi alrededor y me di cuenta de que todos los hombres a mi alrededor tenían el mismo tipo de palma, unas más grandes que otras, pero todas eran lisas y verticales. Palmas como la mía sólo las llevaban las niñas. Nunca he pasado tanta vergüenza. Yo sólo quería irme a casa y esconderme bajo la cama. Seguro que el lunes en el cole todo el mundo se reiría de mí.
Pero la procesión siguió, conmigo intentando que mi palma no se viera mucho, riéndome cuando los niños se burlaban de mí, como si a mí también me pareciera divertido. Pero luego pensé en mi madre y en la ilusión que me había hecho que me trajera aquella palma. Y, qué narices, en verdad era la palma más bonita que había visto. Miré a mi alrededor y lo comprobé otra vez, mi palma era pequeña, pero era mucho más bonita que cualquiera otra que hubiera por allí, fuera de niño o de niña. Y una palma tan hermosa no se podía llevar escondida, aquello era para enseñarlo. Así que, al final de la procesión llevé mi palma en alto con todo el orgullo del mundo. Y me sentí superfeliz, aunque creo que Ignacio lo pasó un poco mal. Y no me equivoqué, el lunes los niños siguieron burlándose de mí, pero ya no me importaba.

Texto agregado el 02-01-2007, y leído por 741 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2008-02-20 10:52:27 Esto es tener personalidad! sophie
2007-04-02 21:04:40 Bonito relato y tremendamente tierno. Lo que no entendí es cómo la mamá podía ser al mismo tiempo anglicana, protestante, atea y anticlerical, jajajaja. Pero la belleza de la narración y la sencillez y facilidad con la que la narras, me parecen magistrales. Saludos. Hanneke
2007-02-06 22:11:43 También yo he vuelto a disfrutarlo y he vuelto a encontrarlo muy tierno y un poco triste a pesar de ese final de dignidad y de bandera. Y otra vez he estado a punto de criticarte ese "superfeliz" del final, pero no lo haré, entiendo que es tu momento palma en alto, soy como soy y elijo los adjetivos que me place. Ceboncita
2007-01-09 10:55:29 He vuelto a disfrutarlo, la belleza de las cosas sencillas. Saludos. nomecreona
2007-01-02 20:52:25 Que buen relato, gracias por trnasmitir tan linda tradicion, eutopia
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! |
]