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Hace mucho que le conocía. Siempre le miraba por la ventana de mi casa. Era muy buena persona. Cuando salía a la calle todos deseaban saludarlo. Era un famoso cantante. Una mañana tuve la suerte de encontrarlo en la calle, se le veía tan feliz que quise ser siempre como él. Recuerdo que entraba a la panadería y saludaba a toda la gente que le saludaba. Era un artista.

El tiempo ha pasado y ahora que le recuerdo, me pregunto qué habrá sido de su vida. Esa mañana cogí la guía telefónica y busqué su nombre. Lo encontré. Cogí el teléfono y lo llamé. Una señora contestó. Le pregunté por el artista. Me dijo que hacía un año había fallecido. Le dije que lo sentía. Hubo silencio en la línea, luego, colgué. Esa noche traté de dormir pero no pude. Tuve pesadillas, muchas pesadillas. En una le veía caminando por mi antiguo barrio, y me llamaba para pedirme un favor. Yo me acercaba pero por mas que me acercaba él se evaporaba como el humo. Yo le gritaba pero tan solo escuchaba su melodiosa voz, escuchaba una canción... Desperté y me di con la sorpresa que había olvidado apagar la radio y en ese preciso instante estaban tocando la canción del artista de mi antiguo barrio. Apagué la radio y dormí. Al día siguiente sentí ganas de averiguar acerca de la forma en que murió. Fui al diario de la ciudad y pedí los diarios de la época de su fallecimiento. Me llevaron por las viejas cavernas en donde estaban miles de viejos periódicos y luego, llegué a un cuartito en donde había un viejecillo sentado frente a un viejo escritorio. Me lo presentaron. Era el archivador del periódico. Le pedí si podría conseguirme información del artista de mi antiguo barrio. Le di el nombre. El anciano me miró con los ojos que parecían salírsele a través de sus gruesos anteojos y me dijo que ese muchacho era su artista preferido y que tenía casi a la mano muchos recortes de periódico. Me los dio y me puse a leer toda su vida... Parece que no le fue muy bien en su vida. El periódico decía que tuvo mujeres, hijos regados por todos lados, que se había dedicado a la política y que se había vuelto gay y adicto a las drogas. Decía también que tuvo una muerte muy fea. El Sida. No sé, pero, mientras más leía el periódico, me sentía muy mal... Parece que el anciano se dio cuenta de mi estado porque me cogió el hombro diciéndome que ya era suficiente. Le miré y le dije el por qué había caído de esa forma. El anciano respondió que no tuvo mucha suerte, y que el talento no es suficiente para encontrar la plenitud de la vida... Le agradecí por su comentario y salí a través de aquella cueva de viejos periódicos.

Ya en la calle empecé a caminar y no sentí mis pisadas, parecía dopado. Es el olor de los periódicos, pensé. Continué caminando y me encontré frente a frente a unos espejos enormes, tan grandes eran que me vi como si fuera una hormiga en medio de un hormiguero. Bajé la cabeza y continué caminando hacia mi casa. Apenas llegué tuve ganas de ver la televisión, pero no la encendí. Miré la ventana, me acerqué hacia su borde y me puse a mirar a la gente que pasaba por las calles, y pensaba que hace muchos años estaba en el mismo lugar mirando a un artista, y que este había dejado de serlo… aunque su música aún sonara por la radio… Sonreí y me dije que estaba dejando de tener sueños, ilusiones, y también, estaba perdiendo las ganas de ser un artista, de expresarme… de pronto una señora se puso a mirarme y me llamaba. Me extrañó su actitud así que salí de la ventana y encendí la radio. Por suerte era Gluck…


San isidro, diciembre del 2006

Texto agregado el 28-12-2006, y leído por 144 visitantes. (0 votos)


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