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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / La patata mágica

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Un día, mientras paseaba por el bosque, el pequeño Martín oyó una dulce voz que le llamaba:
—Ven aquí, pequeño Martín. Ven aquí, no tengas miedo. No te voy a hacer ningún daño.
La voz provenía de un matorral que había junto a un roble. Bajo el matorral, Martín encontró una patatita. La patata tenía una pequeña nariz, una minúscula boca, dos preciosos ojitos, dos bracitos y dos piernecitas.
—Hola, Martín. Soy una patata mágica —dijo la patata mágica.
—¡Oh! —dijo Martín.
—Me llamo Crispy. ¿Quieres ser mi amiguito?
—Claro que sí, siempre he querido tener una patata mágica como amiga.
Martín y Crispy se hicieron grandes amigos. Iban al cine juntos. La patata mágica solía sentarse sobre el hombro de Martín para ver las películas. Jugaban al ajedrez, jugaban al tenis y les encantaba hacer submarinismo juntos. Eran tan felices.
Martín pasó tanto tiempo con su nueva amiga que se olvidó de estudiar para los exámenes. Una noche, Martín estaba realmente preocupado, tenía un examen de biología a la mañana siguiente y no tenía ni idea de la asignatura. Cuando Crispi se dio cuenta de por qué se encontraba tan mal su amigo, le dijo:
—Martín, te puedo ayudar. Te voy a contar mi secreto porque te quiero mucho, pero espero que no te aproveches de él. Soy una patata mágica y puedo concederte un deseo si me das un mordisquito.
— ¡Oh, no! ¡No te quiero comer!
—No seas tonto. No me vas a comer. Sólo tienes que darme un mordisco muy pequeñito para aprobar el examen.
A la mañana siguiente, Martín se presentó al examen. Sacó una matrícula de honor y el profesor le felicitó personalmente.
A Martín le encantó esto de que se le concedieran los deseos. Siempre había algo realmente importante que Martín necesitaba tooodos los días. Se comía un trocido de la patata mágica y el deseo se hacía realidad.
Al final sólo quedaba un trocito muy pequeñito de Crispy y Martín necesitaba algo más.
—Por favor, por favor. ¡No me comas! —suplicó la patata mágica.
—Ya no me importas más, quiero la moto.
Y se comió a Crispy.
—¡Ñam, ñam, ñam! ¡Qué buena que estaba!


Texto agregado el 27-12-2006, y leído por 1928 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2008-02-06 07:25:20 Bonito cuento infantil, que los padres pueden adaptar con cualquier otro alimento que quieran hacer comer a sus pequeños. Tiene futuro esta historia, por muy autobiográfica que sea ;) sophie
2007-01-02 23:19:25 nooo!!! yo soy adicta a las papas desde hace varios años. Maldito Martín. Corvo
2006-12-27 18:33:21 pobre patatuela. jeje peyote
2006-12-27 17:39:42 ¡¡Submarinismo!! ¡Jajajaja! Lindo "Cuento champú" IGnus
2006-12-27 17:11:46 cualquiera chakal
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