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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / Una bella historia

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Todo comenzó como un bello juego, un intercambio de regalos. Ella entraba al cuarto y yo salía a darle los buenos días. Éramos tan felices mamá y yo que no hubo día en que no le trajese una flor a casa y ella me daba una excelente cena por las noches. Sonreía al verme con mi rosa amarilla, su color preferido, y con sus ojos rasgados, rebosaban de contento la atención que era devuelta con un muchas gracias y sírvete la cena cariño. Se paraba, buscaba un jarrón con agua, ponía la rosa y lo colocaba en el centro de nuestra mesa de comedor.

Han pasado los años. Me casé y cada semana le llevaba un ramo de rosas amarillas a mi madre. Mi mujer sentía celos por mi actitud casi religiosa, pero, no podía contarle lo que mi corazón me pedía, pues, no tenía lenguaje, era un aroma que se expandía por mis ojos ante mis labios y pensamientos llenos de impotencia de expresarme.

Mi madre murió contenta. Fue durmiendo. Ella estaba echada mientras yo entraba a su casa. Le decía buenas tardes mamá pero ella no contestó mas. Me le acerqué y le puse sus rosas amarillas sobre su jarrón de tocador. La besé en su frente y me puse a orar. La volvía mirar y pude percibir que sus labios esbozaban una sonrisa de gratitud. Lloré, pues supe que jamás había sido tan feliz como en ese instante.

Mi esposa aún vive a mi lado. Mis hijos han crecido y uno de ellos siempre que llego a casa me pregunta el porqué voy a casa de mi difunta madre, que ahora ocupan otros parientes, con una rosa amarilla en la mano. Le cuento que es por un bello recuerdo con mi madre, pues de esa manera se riegan los sentimientos, empapándose de gratitud por aquella compañía que me dio a lo largo de todos los años de mi niñez y juventud. Mi hijo mira la rosa amarilla y luego me dice si puede acompañarme. Le digo que si. Mi esposa pregunta a dónde vamos y mi hijo responde que a saludar los sentimientos…



San isidro, octubre de 2006

Texto agregado el 13-10-2006, y leído por 212 visitantes. (1 voto)


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