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Estaba en la puerta de mi casa cuando llegó un viejo amigo. Hola, me dijo. Le pregunté que deseaba pues la última vez se había llevado todos mis libros y los había vendido. Vengo a devolverte tus libros, me dijo. Me los dio, no faltaba ni uno, más bien había cinco libros mas... Le dije que había más pero me dijo que son un regalo. Gracias, le dije. Los abrí y me di cuenta que el autor era él. No sabía que escribías, le dije. No escribo, me escriben, y eso fue desde que regalé los libros; todo comenzó cuando fui donde un librero viejo, se los di y el me dio un cuaderno en blanco, me pidió que escribiera mi nombre y lo escribí, y mientras lo hacía sentí como una cosquillas en la palma de la mano, y continué escribiendo mi nombre sin poderme contener. De pronto, mis manos se soltaron de mi ser y tuvieron como una fuerza propia, y escribieron una nota tan hermosa que me puse a llorar mientras lo leía. ¡¿Qué me ha pasado?! Le pregunté al librero. Este se paró y se fue caminando mientras escuchaba el sonido de su risa por todas las paredes de aquella librería, atestada de viejos libros, estanterías apolilladas, gatos negros por todos lados y gente de la más rara calaña... Estoy volviéndome loco, pensaba. Volví a mirar el cuaderno escrito con mi nombre y con el bello poema y decidí sentarme y continuar escribiendo. Allí fue mi inicio de escritor, pero todo lo que escribía sólo podía hacerlo en el cuaderno, nada más... Pasaba el tiempo y no cesaba de escribir hasta que se me ocurrió una idea, la de conseguirme muchos cuadernos. Los conseguí y escribí allí mi primera novela. La terminé en cinco noches. La envié a una editorial y les gustó. Mándanos mas, dijeron. Les mandé cuentos y unos manuscritos llenos de poemas y ensayos de historia, les gustó más. Mándanos más de tus cosas, volvieron a decir. Se las mandé durante meses, también les di unos dibujos extraños que ocurrían mientras soñaba o alucinaba, hasta que una tarde tocaron la puerta de mi casa, eran dos viejos. Les hice pasar y dijeron que deseaban que escribiera una gran novela, una novela universal. Les dije que me dieran dinero por ello, me lo dieron y escribí esa novela que tienes en tus manos, léela, y dime si te gusta o no. Le miré a la cara que parecía un cuadro de cera y me di cuenta que estaba ciego, sus ojos estaban blanqueados, neblinosos, algo así, le dije que ya, que mañana la leería. Nos dimos la mano y este se fue. Salí a mi trabajo y a la hora del almuerzo me puse a leer su novela universalů Me sentí medio burlado o extrañado pues en toda la novela, hasta en el título, estaba escrito su nombre en cada una de las más de 500 páginas. Está loco, pensé. Los cerré y volví a mi trabajo. Ya en mi casa, volví abrir el extraño libro de mi amigo y era lo mismo. Todo estaba lleno de su nombre, todo. Cogí los cinco libros y los dejé sobre la mesa. A la mañana siguiente vino mi amigo, me preguntó por mi parecer y le dije que estaba loco. Es cierto, me dijo, toda la novela es una locura, toda, gracias, me dijo y se fue. Desde aquel día nunca mas le he vuelto a ver, sin embargo, su nombre sale en todos los diarios hablando del gran novel escritor... El mundo está loco, pensé.


San isidro, octubre de 2006

Texto agregado el 06-10-2006, y leído por 688 visitantes. (2 votos)


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