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Inicio / Cuenteros Locales / joeblisouto / Un día después

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Salí a la calle por la primera vez, no recuerdo cuántos años tenía, pero mis carnes estaban flácidas, amarillas, secas como las hojas de un árbol sin agua. Me fascinaron los colores que vi, la luz que no cesaba de deshojar las escamas de mis ojos. Estuve muerto, ahora no, andaba, salía en medio de cuerpos inanimados, en medio de tierra y sangre, de ratas, piedras, muerte en general. No tenía ropa, estaba desnudo, pero no tenía frío ni calor, no sentía nada más que las ganas de volver a mi hogar. Corrí en medio de todo ese páramo y no vi más que cuerpos destrozados. Ni plantas ni nada. Todo era humo, cenizas. La muerte tenía ojos en medio de esa neblina que serpenteaba mis ojos. Llegué a un alcázar. Vi todo el valle hecho un forado. Mas allá, un cielo azul, un sol dorado, una tarde hermosa. Tenía ganas de ir hacia allá. Bajé de aquel lugar y no me detuve hasta llegar a un riachuelo. Me tiré para beber un poco pero no era agua, era sangre, roja como el grito del dolor. Me paré y continué corriendo. Llegué a un pueblo. Había casas destrozadas. Entré en una de ellas y vi insectos, ratas, trozos de seres humanos, nada más. Entré en todas las casas y todas estaban igual. Salí de aquel lugar y me sentí que volvía a respirar. Caminé y caminé siempre desnudo hasta que se hizo la noche. Busqué un lugar para dormir. Empecé a temblar. Llegué a una cueva oscura. Entré y vi una fogata. Sutilmente me acerqué y escuché voces humanas. Iba a gritar cuando vi sus sombras... Era hombre mutilado que estaban comiéndose unos a otros, sin decir un gemido de dolor, nada... Era extraño verse arrancarse los dedos de la mano como si fuera un pollo al horno. Trozos de cadera, etc. Salí de aquel infierno y llegué a un lugar en donde sentí un calor hermoso. Me arrastré y escuché gemidos de animales, todos diferentes. Llegué a estar tras una roca y vi a extraños animales. Unos era perros, ratas, leones, puercos, aves, etc. y todos parecían conversar entre ellos, como si el instinto por vivir les hubiese hablado y los hubiese unificado. Me les acerqué y ni se inmutaron. Entendí lo que conversaban y me hice a su grupo. Pasó el tiempo y todos los animales empezaron a engendrar mas animales, todos menos yo que no tenía pareja. Me sentí solo en un mundo lleno de animales y plantas que lentamente empezaban a germinar. Vi a lo lejos en ruido de un río. Corrí hacia el sonido y era el río. Me zambullí en él y me dejé arrastrar hasta llegar a un valle lleno de vegetación. Salí a la las arenas y plantas y vi a una manada de mujeres de todas las edades. Les hablé pero todas callaron. Me cogieron con brusquedad y me ataron. Luego me llevaron hacia un cajón de maderas, como una jaula. Me alimentaron por varios días. Luego me llevaron hacia una poza y me dejaron allí, desnudo, junto a una mujer desnuda. Me cogió a la fuerza y me hizo el amor. Luego me volvieron a encerrar. Ha pasado mucho tiempo y veo que a los niños los encierran aparte, los alimentan y los guardan. Es extraño porque la mayoría viven poco tiempo. Sólo unos cuantos se vuelven unos mocitos, luego hombres, y después sementales, como yo... He querido hablarles pero ellas no me escuchan. Tuve suerte al ver un pedazo de hoja de papel tirado por el piso. Cogí un poco de carbón y escribí. Les dije que estoy vivo y que escribo. Todas ellas me han mirado y me ha traído miles y miles de libros. Se los he leído y todas me han mirado con ternura infinita. Luego me han llevado a una mujer mayor, gorda como un cerdo y esta me ha hablado cosas que no entiendo. Me ha traído un cuaderno y me ha dado una pluma. He escrito y dibujado, y todas ellas se han puesto contentas. El tiempo ha pasado, ya soy un anciano y aun continúo escribiendo. Me hacen sentir el patriarca, puede ser, pero, no recuerdo el ayer, mi pasado, pero, cuando escribo y dibujo, pongo extrañas palabras llenas de dolor, alegría, vivencias que me han pasado pero no sé cuando ni dónde... Estoy vivo y es lo que importa. Vivo, escribo, vivo, escribo… no sé mas qué hacer.



San isidro, Octubre de 2006

Texto agregado el 03-10-2006, y leído por 172 visitantes. (1 voto)


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