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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Adiós, Miyuki, adiós

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Nunca había llamado a aquella puerta, pero aquella noche quería despedirme de Miyuki. Tenía que irme de viaje a la mañana siguiente y cuando volviera ella ya no estaría.
Le había hecho un dibujo con una foto que nos habían echado en una fiesta de la residencia de estudiantes. Miyuki salía preciosa en la foto, pero estábamos muy lejos y el retrato me había quedado demasiado pequeño y un poco descentrado. Desde luego, no iba a impresionarla con aquel dibujito a lápiz. Aunque tampoco estaba mal del todo, le había puesto mucho cariño y se le parecía mucho, a lo mejor sí que le gustaba.
Un momento antes de hacer ese gesto romántico, que le demostraría que para mí ella era algo especial, me sentí un poco ridículo. Sentía que yo también había sido especial para ella, pero quería que se diera cuenta de lo que realmente sentía por ella y de que lo nuestro no era algo que se olvida en un día.
La puerta de Miyuki era azul celeste y tenía su nombre escrito con letras de colores. Me quedé un rato allí parado con el papel en la mano. Intenté imaginarme la pinta que tenía, me parecía que el pelo se me había pegado otra vez a la cabeza, lo cual, con las gafas tan horribles que llevaba, me daba un aspecto deprimente. Genial. Oí a Miyuki hablando japonés. Llamé a la puerta.
Miyuki abrió de golpe, se sorprendió al verme allí, pero enseguida me saludó efusivamente. Todo estaba lleno de fotografías: la cama, la mesa, el suelo, todo. Su amiga Sono estaba sentada en el suelo, apoyada en el armario. Me saludó con una leve sonrisa. Le expliqué a Miyuki que venía a despedirme, que me iba a ver a mi familia y que no iba a estar en su fiesta, sí, qué pena perdérmela, por eso venía a despedirme. Me aburrí a mí mismo al oír mis explicaciones. Ella me escuchaba haciendo los ruidos que correspondían, pero no sé si me estaba entendiendo, parecía que tuviera la cabeza en otra parte, o en muchas otras partes. Y entonces le di el dibujo. Dios mío qué descentrado estaba y qué dedicatoria más lamentable. Un regalito de despedida, le dije. Ella lo miró extrañada, sin saber qué decir. Me giré hacia Sono, con cierto apuro. Ella también se iba y a ella no le había traído regalo de despedida. Ojalá no estuviera allí. Ojalá pudiera estar a solas con Miyuki, todo tendría más sentido. Sono seguía callada, mirándonos desde abajo con esa sonrisa que no desvelaba nada, aunque esta vez me pareció ver en ella un punto de malicia, esta tía lo estaba entendiendo todo.
Alguien llamó a la puerta y gritó algo. Miyuki reaccionó como si hubiera recibido una descarga eléctrica y salió corriendo de la habitación. La puerta se cerró tras ella y me quedé a solas con Sono.
—¿El teléfono?
Sono asintió.
No me apetecía nada quedarme a solas con Sono, pero si me iba a lo mejor no volvía a ver a Miyuki.
—Bueno, la espero aquí, no creo que tarde mucho.
Sono volvió a asentir, con una leve sonrisa.
Al principio estuve mirando las fotos. Había fotos de tiendas, fotos de fiestas, fotos del Old Trafford, a donde había ido Miyuki a ver entrenar al Manchester United, pero sobre todo había fotos en las que aparecía Miyuki con otra persona: Miyuki con Irene, Miyuki con Rafa, Miyuki con Dimitri, Miyuki con Céline, Miyuki con... Me sentía estúpido allí de pie. La cama estaba totalmente cubierta de fotos, sólo podía sentarme en el suelo. Voy a sentarme, le dije a Sono. Sono no dijo nada. Me hice un hueco entre las fotos y me senté apoyándome contra la cama.
—No creo que tarde mucho —volví a decir.
Sono asintió.
Ahora estábamos cara a cara, a apenas un metro de distancia. La situación era cada vez más incómoda. No tenía ni idea de qué hablar con ella. Tampoco me lo ponía fácil, si contestara a algo de lo que le decía, si hiciera algo más que asentir. Pero Sono era así, era la chica que iba con Miyuki, el contrapunto silencioso. Pasaron los minutos sin que ninguno de los dos dijera palabra. Y entonces Sono hizo algo que me desconcertó por completo. Sin moverse de donde estaba, cerró los ojos. Y no fue un instante, un buen rato después, Sono seguía sin abrir los ojos. Bueno, al menos ya no tenía que pensar en darle conversación. La tensión del principio había sido reemplazada por otra, más sutil, pero igualmente rara.
Me esforcé en escuchar, a ver si oía a Miyuki hablar desde el teléfono que estaba en la planta baja, a ver si la oía subir por las escaleras, pero nada. No sé de qué me sorprendía, esta chica hablaba por los codos, era una de las cosas que me encantaban de ella. Miyuki llevaba dos años en Manchester, yo había llegado hacía apenas dos meses y, hasta entonces, mi estancia Erasmus no había sido muy divertida que digamos. Inglaterra era un país de mierda habitado por hinchas de fútbol subnormales y encima no conectaba en absoluto con el grupo de españoles con el que había venido. El Hotel Arosa era un lugar rancio y oscuro y la gente parecía haberse contagiado del espesor del ambiente y se pasaba el día muriéndose de asco en el comedor. Pero, de vez en cuando, Miyuki aparecía por la puerta y transformaba el lugar sin darse cuenta. Ofrecía su sonrisa a todo el mundo, iba de un lado a otro con sus pasitos cortos y rápidos, saludando alegremente a la gente, totalmente ajena a la desidia que la rodeaba, el suyo era un planeta lleno de luz y color. Valía la pena estar allí sólo por ella. Pasé las tardes esperando a que volviera, esperando que se sentara en mi mesa y tuviéramos una de esas conversaciones absurdas. Cómo me reía con ella. Cómo la iba a echar de menos. Estaba claro que habíamos conectado de una forma especial, a su lado yo me transformaba; cuando estaba conmigo, ella brillaba más que nunca. Pero no sabía exactamente lo que ella sentía, sólo podía imaginármelo. Una noche bailamos juntos e intenté que se encontraran nuestras miradas. Pero Miyuki miraba a todas partes menos a mis ojos. Alguien me dijo después que los japoneses nunca miran a los ojos. Era algo cultural. Menuda faena. Yo, que ya era bastante torpe con las mujeres europeas, aquí estaba perdido. Había estado tan cerca, tan cerca, pero no había conseguido llegar a ella. Ahora se iba. Todo lo que podía haber sido se perdería en la distancia. Sentía una rabia enorme contra mí mismo, por haber sido tan pánfilo, por no haber hecho nada. Si esta noche hubiéramos estado solos le habría dicho lo que sentía, habría sabido si ella sentía lo mismo. Cualquier cosa podría haber pasado. Podría irme a Japón, ella podría venir a España. ¿Aún era posible?
Sono seguía allí, con los ojos cerrados. Se me habían entumecido las piernas. Las estiré un poco, intentando no pisar las fotos. Joder, debe de llevar más de media hora al teléfono. Ya lo podía haber acortado un poco, sabiendo que estoy aquí. No es que sea muy considerada. Tal vez debería irme y buscarla luego, pero seguro que cuando la busque estará hablando con todo el mundo, para variar. Esperaré un poco más, ya no puede tardar mucho.
Ya no estaba incómodo, lo que estaba era aburrido. Sono seguía sin reaccionar. Joder, qué raros son los japoneses. Estás aquí con alguien y no se te ocurre otra cosa que cerrar los ojos, como si no estuviera. Pero lo más raro es que se había quedado, ella también podría haberse ido. Me entretuve mirándola, era un paisaje mucho más interesante que las fotos que había a mi alrededor. Me encantaba su pelo, ese pelo fascinante de las asiáticas, que le caía enmarcándole el rostro con aquella curva tan estilizada. Ya me había fijado alguna vez en sus labios, en esos labios grandes y armoniosos, que transmitían una dulzura infinita. Seguí con la mirada las curvas de su cuerpo, la frente, los párpados, las pestañas, los pechos, eran mucho más bonitos que los de Miyuki. Llevaba un vestido negro que acentuaba su cintura, aquella tripita mínima y femenina, la curva de los muslos. Sus piernas esbeltas asomaban al final de la falda, cruzándose a la altura de los tobillos, sus pies descalzos apuntaban hacia mí. Hubiera sido tan fácil acercarme, en silencio entre las fotos, y darle un beso en los labios. En cuanto lo pensé, se me aceleró el pulso de una forma sorprendente. Ahí estaba, a solas con aquella criatura tan excitante. Podía acercarme y besarla y algo me decía que no rechazaría mi beso. Era demasiado lánguida, demasiado indolente como para hacer el esfuerzo de rechazarme. Se había quedado allí y había cerrado los ojos, era casi como si esperara que yo hiciera algo. ¿Estaba durmiendo? ¿Se hacía la dormida? ¿O estaba simplemente esperando? Sentía una atracción animal hacia ella, deseaba acariciar su cintura, tocarle la espalda, besarle el cuello, saborear aquellos labios. Me acordé de lo que nos había contado Raúl, aquel madrileño cabrón que vivía con nosotros. Hablábamos de Miyuki y de Sono, de que Sono nunca decía nada, a lo que Raúl comentó: «Sí, Sono sólo abre la boca para decir una cosa: Quiero que me la metas». Decía que se la había follado, probablemente era verdad. Qué asco de tío y qué envidia me dio aquella noche. Nos contó que se la había estado follando por detrás y que cuando se corrió, ella se giró y le dijo: «¿Ya está?» Y él le contestó: «Pues claro que ya está. Anda, zorra, lárgate de aquí.» No sabía si creerme aquella historia, pero ¿y si ahora estuviera yo en su lugar? Le diría a Sono, vamos a mi cuarto, y la cogería de la mano y ella me seguiría y pasaríamos la noche juntos y la penetraría por detrás como una bestia y sentiría sus muslos contra los míos y vería como arqueaba la espalda y chillaba como una loca mientras yo le estrujaba los pechos.
Podría acercarme y darle un beso y probablemente no lo rechazaría. Pero no podía, yo estaba enamorado de Miyuki. Había venido a decirle que la quería, no sabía ni por qué, pero tenía que ser fiel a mis sentimientos. Miyuki iba a volver en cualquier momento, no podía permitir que me viera besando a su amiga o que se enterara de que lo había intentado. Habría tirado por tierra todo lo que habíamos vivido juntos, habría hecho que no significara nada. Y además, cómo puedo ser tan iluso, cómo puedo pensar que a esta diosa le puedo gustar. Si ni siquiera me dirige la palabra, no tiene el más mínimo interés por mí. Si es que estoy aquí y la tía se duerme, la muy hija de puta. Sí, hombre, ahora voy yo a intentar darle un morreo, no me voy a poner en ridículo de una forma tan espantosa.
Joder, cuándo terminará de hablar por teléfono Miyuki, ya lleva casi una hora. ¿Acaso se ha olvidado de que estoy aquí? ¿De que mañana ya no me va a ver? ¿De que he venido a despedirme? ¿De que le he hecho un dibujo? Una enorme desolación me invadió el alma. Miré las fotos que había a mi alrededor, en las que Miyuki salía abrazada a decenas, centenares de personas distintas; en las que la persona que más salía era Raúl.
Me quedé mirando a Sono amargamente. Era tan hermosa. Al cabo de un momento abrió los ojos. Me miró como siempre miraba, con la cabeza baja. Me dedicó una leve sonrisa. Ahora sólo veía a una chica tímida. Le sonreí amistosamente, como si la situación me pareciera lo más normal del mundo.
—¿Estabas dormida?
—No —me contestó, en un tono que no me dio a entender absolutamente nada.

Texto agregado el 27-05-2006, y leído por 242 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2006-07-27 16:07:31 Mmm, puedo ser malo? Je, je. No te voy a decir que el cuento me mola y todo eso porque ya lo sabes y ya te lo dije. Pero debo insistir en que si esperas que tus cuentos sean tomados en serio deberías, o bien dejar de llamar a tus personajes cosas como "Miyuki" o "Masako" o deberías empezar a hacer cuentos sobre osos de peluche y animalitos varios. Claro que, bien pensado, ya lo haces. LeoMendoza
2006-07-06 12:03:37 Precioso relato, me ha encantado. Los personajes están bordados y la trama fluye naturalmente. Enhorabuena Alejandro_1007
2006-06-01 11:28:04 A mi me pasa siempre lo mismo con los japoneses, me parecen que están dormidos. ¿Tú tienes una fuerte atracción sexual por las japos? Tienes alguno más donde salen niponas y te las trajinas a todas. La parte que más me ha gustado es la de darle por detrás y todo eso. ¡Qué quieres que haga, yo también soy madrileño! onanista_por_palabras
2006-05-31 12:03:51 Uf qué maravilla! Qué bien dibujas los personajes y qué gran final inacabado, con más preguntas abiertas que respuestas. Me encantó. Felicidades y claro, 5 estrellas. jau
2006-05-27 01:31:02 BUENO...MUY BUENO karyn
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