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Inicio / Cuenteros Locales / sendero / Migraña dos

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No requería mucho tiempo. Quince o veinte minutos bastaban. Teníamos un clima siempre dispuesto, alimentado por caricias ocultas, tan o más eficientes que las que uno se prodiga en la intimidad. Nuestro problema era distraer la atención de la mamá.

Llegaba en la noche y mi disgusto era la oscuridad del pasillo y aquellas escaleras burdas. ¡Nunca recibieron un acabado! y más de una vez tropecé. Llegaba al penúltimo escalón con el resoplo de un caballo viejo.

La mamá rutinariamente veía películas gringas, pues era sorda y no escuchaba lo que los actores decían en español, por lo que prefería leer los títulos; y las cintas de dos horas, se convertían de cuatro, por el tiempo agregado de los comerciales. Siempre apoltronada en el sofá. Un mueble que por su tamaño servía de división entre la sala y la cocina. Nosotros preferíamos la cocina, sentados frente a frente en un comedor de cuatro sillas, situado a espaldas de la señora. Yo llevaba bocadillos, refresco y cerveza fría.

Bajo la mesa teníamos otro juego. Desnudos de los pies nos acariciábamos. Ella ascendía por mis piernas, hasta localizar mis ingles y después frotaba y frotaba hasta que conseguía alterarme, se retiraba y seguía, se retiraba y seguía. Por mi parte respondía con fragor y pausa. Así que después de una hora de retozo los ojos nos brillaban, como un reflejo de lo que dentro ardía.
La mamá la llamó, sin quitar los ojos de la televisión. Interrumpimos el juego y ella se recargó en el filo del sofá, quedando su cuerpo en forma de arco. Su cara muy pegada a la mejilla de su progenitora, que le daba algunas indicaciones en voz baja. Traía una falda corta, que dejaba ver con alegría la redondez de sus muslos y por la manera en que estaba, se miraban los pliegues de los glúteos y el color de las bragas.
Mis manos volaron como libélulas y se deslizaron con suavidad por la piel blanca, turgente. Ella volteó y me hizo una seña con la cara de que me calmara, pero eso levantó mis ansias y felinamente recargué mi cuerpo y mi deseo sobre el de ella. Con la mano quiso apartarme, pero topó con mi dureza y cuando creí que me daría un pellizco, empezó a deslizarme su mano de un extremo a otro dándome unos apretones placenteros, luego lo puso entre sus muslos y los abría y cerraba como las alas de una mariposa cuando se posa en el extremo de un tronco; mientras, seguía hablando con su mamá y su figura ocultaba la mía.

Era casi la media noche y la mamá decidió ver otra película porque se le había ido el sueño. Con la efervescencia en mis ojos acepté que nada se podía hacer, así que al despedirme de la señora, sin que se percatara tomé un almohadón de la sala y me lo llevé hacia la salida. Ella me acopañó a la puerta pero en la oscuridad del pasillo no pudimos evitar el contacto e iniciamos con frenesí una nueva ronda de caricias, besos sin control y abrazos asfixiantes. Minutos después la panti quedaba por los escalones. Sus brazos se recargaban en la pared y detrás de ella la sostenía con mi cuerpo, mis manos fuertemente sujetas una a la cintura y la otra en la cadera. No fue suficiente, el desnivel de la escalera se tornó molesto e incómodo. Así que tomando el almohadón le pedí que se hincara, ella entendió y justo cuando nuestros gritos se confundían se escuchó la voz de la mamá llamándola:

¡Ya súbete! ¡y por favor no maltrates el almohadón!, que es el que hace juego con el color de la sala.

Texto agregado el 10-01-2006, y leído por 352 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-09-12 23:32:19 Ja ja sos tremendo sendero tu imaginación es terrible!!! flop
2006-01-18 22:51:07 excelente narración y un final increíble india
2006-01-18 20:34:13 Yo esperaba encontrar la chica nuevamente con la "migraña", pero veo que ya no sufre de migraña, ahora tiene tratamiento preventivo. Un beso Rubén a tu imaginación ctapdb
2006-01-17 18:18:56 Travesura de a dos y un almohadón que se presta al juego. Sensualidad y erotismo. Excelente narración ***** Un beso Shou
2006-01-17 04:36:41 Vaya! que te dire ¿?, solo que me hacia falta leer estos escritos tuyos, originalmente sugerentes... mis* denada
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