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Inicio / Cuenteros Locales / papagayo_desplumao / Una mentirijilla de nada

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A mí lo que me sorprende es que cuando un amigo lleva un tiempo sin verte y te pregunta qué es de tu vida, puede creerse cualquier cosa que le cuentes.
Os juro que yo no lo hacía con malicia. La primera vez fue cuando estuve en Inglaterra de Erasmus. Un día descubrí que hacían un concierto de una cantante que nos encantaba a mí y a mi amigo Leo, que seguía en España. Cuando volví a la residencia entusiasmado le escribí una carta contándole lo genial que había sido. Pero me dejé llevar un poquito y también le conté que habían pedido que gente del público subiera al escenario a hacerle los coros y que la cantante se había quedado maravillada con mi voz y me había ofrecido un trabajo en su banda y que nos habíamos enamorado y nos íbamos a casar y que me iba con ella de gira por el mundo. Nunca pensé que se lo creería, con lo mal que canto. Pero a la semana recibí una carta suya en la que decía: “El mundo se ha vuelto loco. No sé si te llegará esta carta... Cuando consiga asimilar lo que me has contado, decidiré si felicitarte o no”.
Años después pasé una profunda crisis por la que me dejé el trabajo que tenía en Inglaterra y volví a casa de mis padres. Acabé cansándome de relatar aquella lamentable historia a todo el mundo. Así que, cuando mi amiga Leslie me escribió preguntándome qué había sido de mi vida, le conté que me había fugado a Colombia con una mujer casada y que me ganaba la vida trabajando en una plantación de tabaco, que iba a ser papá y que su marido estaba buscándonos por el mundo y quería asesinarme y un montón de historias más a cual más inverosímil. Y se lo creyó a pies juntillas. Como me daba mucha vergüenza admitir que le había tomado el pelo, seguí hablándole en mis cartas de mis aventuras en Colombia. Intentaba que la historia fuera cada vez más descabellada, le hablaba de bandas de traficantes, de poderes extrasensoriales e invasiones alienígenas, esperando que un día me dijera: «Je, je, qué cuentos más graciosos me mandas». Pero ella se preocupaba mucho, me decía que tuviera cuidado de con quién me juntaba y me recomendó que buscara trabajo de profesor de inglés. Un día me dijo que venía a visitarme y que ya tenía el billete. Le prometí que la recogería en el aeropuerto... de Bogotá. ¿Qué iba a hacer, decirle la verdad? Y, aunque ni yo daba crédito, allí estuve esperándola. El vuelo aterrizó, pasaron las horas y ella no apareció. Se ve que me había estado siguiendo el juego.

Texto agregado el 29-08-2005, y leído por 158 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2006-08-02 18:53:55 La salud mental es lo primero, caiga quien caiga... Nomecreona
2005-09-17 15:27:43 Jijijiji.....Genial HoneyRocio
2005-09-06 12:05:40 Genial, me gustó de principio a fin. Voy a investigar más por tus textos. Estrellas. Efecto_Placebo
2005-08-31 22:15:49 jajajajaja. Divertido e ingenioso. Phoenix
2005-08-29 17:05:06 Esto es más habitual de lo que la gente piensa, te seguria comentando pero ahora tengo consejo de administración y el jet me espera en el aeropuerto, ya seguimos hablando otro día... barrasus
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