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Inicio / Cuenteros Locales / jornuco / El sonar de las campanas

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La anciana no podía casi ni correr por tantos años que tenia encima, pero lo hacia haciendo un esfuerzo extraordinario y a una velocidad impresionante si tomamos en cuenta que pasaba de los noventa, aunque no era tan rapida como Felix Sanchez le juro que no trataba de impresionar a nadie, simplemente trataba de salvar su vida, ya que una trulla de persona la perseguían a toda prisa vociferándole toda clase de palabras descompuestas, ella corría apresuradamente respirando por boca y nariz porque en el vecindario todos la despreciaban a pesar de que se veía indefensa, tierna y con sus mas de noventa años que mal podría hacer una pobre ancianita para que la trataran así.

En cualquier esquina la acosaban y la corrían a toda prisa la gran multitud que siempre estaba al asecho de la pobre ancianita, muchos le lanzaban objetos contundentes para agredirla gravemente aunque ella los evadía con una agilidad impresionante, que según ella Dios le había dado en sus ultimo días, últimamente para poder salir de su propia casa lo hacia con muchísima precaución, asechando primero que no estuviera la trulla afuera esperándo para matarla, y así entonces salía después de mucho esperar, pero cuando menos lo esperaba ahí estaba la multitud como loca buscándola para lincharla, sinceramente era una vida de perra con rabia que estaba llevando la pobre anciana que muchas veces se preguntaba en silencio: “que mal tan grande he hecho yo, mi Señor?”, ella vivía o mal moría solita en una casona antigua que le había dejado su esposo al momento de morir hace muchos años, la casona estaba por el frente de la iglesia católica, cerca del unico parque del pueblo, y en aquella casona solitaria vivía desde hacia mucho tiempo, pero en ese pueblo vivia desde muy pequeñita cuando sus padres se mudaron alli ese pueblecito tan tranquilo, en el cual hoy todos la odiaban sin excesión alguna.

Casi todos la conocían en el pueblo, pero sin duda todos la despreciaban, no importaba la condición de la persona, religiosos y no religiosos, blancos y negros, jóvenes y viejos, ricos y pobres, todos querían linchar la pobre ancianita ya sea quemada viva o ahorcada en el parque que estaba cerca de la iglesia, algunos proponían tirarla desde arriba del campanario de la misma iglesia en que ella había sido bautizada ya que era bastante alto y sin duda moriría al caer como una guanábana de allí y además de eso quedaba casi al frente de su casa para ni recogerla después de muerta, hasta el sacerdotal del pueblo estaba de acuerdo con dichas proposiciones del pueblo.

Los niños cuando la veía la pobre ancianita le sacaban las lenguas y la escupían en señal clara de un desprecio natural, hasta los perros callejeros que durante muchos tiempo ella alimento dándole huesos y sobra de comida se mostraban sumamente agresivos con la presencia de la indefensa ancianita, era una verdadera discriminación por todos y todas. Las desesperación le daba un fuerte motivo para seguir vivid o muriendo a la ancianita que había vivid mil y una batalla, pero sin duda estaba librando la mas feroz y difícil de todas sus guerras en su larga vida.

Ella lloraba a cada instante en aquellas tristes noches que llegaban lentamente después de un muy largo día agobiante y mal tratado, pero era tanto su agonía, que aun en las noches se escuchaban fuera de su casona a personas rondando el lugar y vociferando a gritos fuertes amenazas que insistían con lincharla cuando durmiera a cualquier hora, con esa horrible situación no podía dormir y con razón, porque solo Dios la entendía y solo Dios escuchaba sus lamentaciones en las madrugadas de fuertes frío y solo El, se compadecía de ella, cuando caía rendida de un sueño encima de la mesa del comedor que estaba en la sala, y lo hacía sin importar las horrible amenazas que llegaban desde la calle a su tierno oído.

Ella ya no sabia que hacer, porque donde quiera que la veían, la seguía la gran multitud, como si ella fuera una artista famosa o una cantante de gran renombre mundial o algo peor un político latinoamericano ante de ser presidente que todos lo siguen y quieren hablar con el, aunque después que ganan la presidencia y gobiernan dos o tres meses nadie quiere saber de ellos, así precisamente estaba la anciana, perseguida como un ex-presidente latinoamericano, sin saber donde meterse, sin aliento para contestar tantas malas palabras que le vociferaban de diferente bocas.

En las tardes cuando podía salir o la dejaban salir de su casa, sus pasos apresurados la castigaban sin cesar segundo tras segundo y minuto tras minuto, ella creía que iba caer muerta en cualquier momento, era una agonía de vida a cada galopar de su triste vida, era una horrible pesadilla sin final, para aquella pobre ancianita que ni siquiera podía dormir con tranquilidad, no encontraba que hacer, no veía solución a lo que hacia poco tiempo había comenzado y parecía que nunca acabaría, y todo porque unos cuantos días antes de la persecución, la ancianita había acudido a la justicia para que controlaran el sonar de las campanas, ya que ella padecía de una enfermedad que le espantaba el sueño con suma facilidad y en la iglesia, últimamente tenían la costumbre de sonar las campanas cada media hora y por varios minutos, y con el sonar de las campanas la ancianita no podía pegar ni un solo ojo a ninguna hora, entonces el juez del pueblecito determinó con su buen juicio, que por el bien de la salud de la anciana, (que hasta ese momento era muy apreciada y querida por todo el pueblo): que no se sonaran mas las campanas.


Texto agregado el 04-06-2005, y leído por 151 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2005-07-05 19:54:20 ¿Y todo esto por unas míseras campanas? la gente ha perdido la cabeza encoruja
2005-06-06 17:47:37 Si en el lugar donde normalmente cualquiera buscaría paz, encuentra la tortura producida por los badajos traicioneros ladrones del sueño, entonces sí, todo está perdido... un abrazo y cinco * --VIncHo--
2005-06-04 06:46:41 y...por quien doblan las campanas? (de pronto recordé el libro.) Faltitas de ortografía... poquito redundante, devertido, pero me faltó contundencia en el final. Yo le sigo leyendo, linda noche. amayrany
 
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